Fabergé, imágenes sagradas. Museos Vaticanos, Roma.

26 04 2011

Fabergé, imágenes sagradas es el título de la muestra que presenta la segunda mayor colección mundial de las obras primas del gran protagonista de la cultura rusa, el joyero Carl Fabergé. A partir del 15 de abril, en la Pinacoteca Vaticana, en la Sala de Rafael, se podrá admirar dicha exposición; en la cual se exhiben más de 140 obras, entre huevos de Pascua procedentes de la familia de los zares; y preciosos iconos de la época imperial. Procedentes del magnate ucraniano Viktor Vekselberg, a través de su fundación histórico – cultural.

Ésta será la primera ocasión en la que el fondo cultural e histórico, relacionado con Viktor Vekselberg, “Enlace de los tiempos” presentará en los Museos Vaticanos la mayor colección privada del mundo de éste tipo. Desarrollándose durante dos meses, hasta el 11 de junio de 2011.

En total, en los Museos Vaticanos, se mostrarán más de 140 artículos de Fabergé. Hasta ahora el fondo ¨Enlace de los tiempos¨ exhibió sólo 80 artículos de su colección.  En la exposición serán mostradas las obras maestras del joyero cortesano de la familia Romanov. Entre ellos estarán nueve huevos de Pascua – regalos de Alejandro III y Nicolás II a sus esposas para las Pascuas– el huevo ¨El decimoquinto aniversario del reinado¨ con escenas miniaturas en acuarela de los principales acontecimientos históricos de los siglos XIX y XX, el huevo ¨Coronación¨ hecho en 1897.

Anteriormente  el empresario ruso Viktor Vekselberg dijo que su fondo ¨Enlace de los tiempos¨ negoció durante más de un año con el Vaticano sobre organización de la exposición. Tal duración de las negociaciones se explica por las altas exigencias del museo para las colecciones.  Los especialistas del Vaticano seleccionaron la colección para la exposición. Ella incluye objetos dedicados a la historia de Rusia y la trágica historia de la familia real.
En el año 2004, Viktor Vekselberg, compró a la familia americana de multimillonarios Forbes, la colección más grande en el mundo de obras de Fabergé. Esa colección incluía nueve huevos de Pascua y otros 190 artículos, incluyendo otros objetos; cuya operación rondaría los 100 millones de dólares.

La relación de esta exposición parte por las celebraciones de la Pascua Ortodoxa y Católica, con estos Huevos de Pascua, de gran valor, puesto que los materiales serán oro, plata, rubíes, perlas,… siendo obra del joyero Fabergé. Su producción ha sido una tradición y un antiguo oficio en Rusia, pero sólo los maestros de Fabergé fueron capaces de llevar este arte a la excelencia.

La creación de un huevo imperial de Pascua no era una tarea fácil, se necesitaba aproximadamente un año para cumplirla. La temática de los objetos nunca se repetía, así como las sorpresas que los obsequios llevaban adentro. Los huevos de Fabergé representaban algunos eventos de la historia de Rusia, o de hechos que de alguna manera estaban relacionados con la vida de la familia imperial.

En la imagen podemos observar el Huevo de Pascua regalado por Nicolás II a su madre María Feodorovna para la Pascua del 1899 con un modelo del tren Transiberiano. Museo del Kremlin.

No obstante, los huevos de Pascua son sólo una pequeña parte de la joyería de Fabergé. Peter Carl Fabergé era sobre todo un orfebre. Realizando los encargos de la familia imperial y las cortes reales de Europa, Fabergé y sus maestros fueron capaces de crear más de 150 000 piezas de joyería. Se había creado un gran número de cigarreras, lámparas, animales en miniatura, cálices, anillos, relojes, frascos de exquisitos perfumes, bomboneras y otros objetos.

Coronas de casamiento del siglo XIX. Museo del Kremlin.

Destacan por su virtuosismo técnico, su acercamiento a la realidad, y por el uso de una pequeña maquinaria, como la pieza que al abrir el huevo sonaba una música maravillosa ejecutada por un mecanismo de miniatura. Así es comprobable ese virtuosismo técnico en esta pieza, Huevo de Pascua “Trébol”, San Petersburgo, 1902. Museo del Kremlin. Donde la filigrana y la modelación son primorosos.

Otro genial ejemplo de la técnica será el Huevo imperial de Pascua “El Decimoquinto Aniversario del Reinado”, un regalo del zar Nicolás II a su esposa, la emperatriz Alejandra Feodorovna, para la Pascua del 1911. Colección del magnate ruso Víctor Vekselberg

En 1883, el Zar Alejandro III, encarga al joyero Peter Carl Fabergé una joya. Un huevo, para regalarle a su mujer, la zarina María. Esta joya sería un huevo con cáscara de platino, en cuyo interior se alojaba otro huevo de tamaño más reducido en oro; y que al abrirse éste último albergaría en su interior una figura en oro de una gallina con la corona imperial sobre su cabeza. Debido a la espectacularidad de la joya, la emperatriz ordenó al joyero la realización de una obra de éste tipo para cada año, en época de Pascua.  Realizando Carl Fabergé, un total de once obras; las cuales fueron regalo siempre de Alejandro III a su mujer, María. Posteriormente, su hijo, Nicolás III, mantuvo esta tradición, regalando los huevos a su mujer y a su madre. En total la joyería Fabergé realizó unos cincuenta y siete huevos, teniendo todos en su interior una copia en miniatura de alguna pertenencia de los zares.

Peter Carl Fabergé creó este huevo como regalo para la familia Romanov. El zar Alejandro III se lo regaló a su mujer, la zarina Maria Feodorovna, en la Pascua de 1885. Del tamaño de un huevo de gallina, una banda de oro en el centro descubre el sistema de apertura. En el interior se esconde una gallina pequeña de oro macizo. Según las últimas valoraciones. Tiene un valor de entre tres y cuatro millones de dólares.

La relación entre lo expuesto y la época, es totalmente directa, ya que se desarrollan en el periodo pascual, como cuando fueron realizados y regalados por el Zar entre fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX.

La realización de ésta exposición temporal parte del esfuerzo y generosidad del empresario Viktor Vekselbrg, tras adquirir y repatriar a Rusia muchas de la obras originarias de allí, y que estaban repartidas por todo el mundo. Por ello, los Museos Vaticanos reúnen arte ruso, piezas que hasta hace escasos años pertenecían a diferentes propietarios, y que tras el paso del tiempo, se ven reunidas para sorprender al visitante.

Los protagonistas de la exposición son estos huevos de Pascua que los zares Alejandro III  y Nicolás II ordenaron al prestigioso joyero. Piezas que acompañaron a los últimos Romanov desde su nacimiento hasta su muerte y que son una testimonio de la historia oficial de la familia del zar.

La exposición incluye estos preciosos iconos de época imperial, con marcos realizados por prestigiosos orfebres. Son algunas de las pocas obras que sobrevivieron a la Revolución rusa, cuando la mayoría de obras religiosas fueron brutalmente destruidas.

Para el Vaticano esta exposición evoca también las buenas relaciones entre la Iglesia católica y el Patriarcado de Moscú que este año celebran la Pascua los mismos días.

Esta exposición ayuda a mejorar unas relaciones ya buenas no sólo entre Italia y Rusia sino también entre la Iglesia católica y la Iglesia ortodoxa rusa. Forma parte de un programa de acercamiento y de recíproco conocimiento. Además, indicar que la exposición es parte de un proyecto de colaboración que viene durando ya desde hace varios años entre el Patriarcado de Moscú y la Santa Sede que se ha manifestado ya en conciertos exposiciones simposios y conferencias.

Una ocasión única para adentrarse y admirar el fabuloso mundo de la joyería de un imperio que tocaba a su fin.

DATOS DE INTERÉS:

Exposición: Fabergé. Las imágenes sagradas.
Duración: 15 de abril – 11 de junio de 2011
Lugar: Sala de Rafael, Pinacoteca, Museos Vaticanos.
Entradas: el billete de entrada a los Museos Vaticanos incluye el acceso gratuito a la exposición.
Audio-guías para la exposición: disponible previa solicitud.
Horario: de 9:00 a 16:00 h. (cierre a las 18:00 horas).
Web de interéswww.treasuresofimperialrussia.com

Acceso gratuito a los Museos Vaticanos y a la exposición el último domingo de cada mes. Horario: de 9:00 a 14:00 h. (última entrada a las 12:30 h.).





Turismo religioso

25 04 2011

Desde niño he visto procesionar a las cofradías por mi ciudad y los pasos que portaban, viendo ese aura que lo rodea; ese brillo que tienen las esculturas de Gregorio Fernández, Juan de Juni, Salzillo,… y que hace inigualable el aspecto de esas tallas, diferente al que se aprecia cuando estamos ante la misma talla en su iglesia. Y éste año, a pesar de la lluvia, no ha sido diferente. Durante la Semana Santa vuelvo a admirar la belleza de las tallas, a recordar otros años en los cuales las vi procesionar por las calles de la ciudad, el escultor que la realizó, la relación entre tradición y familia, la emoción que vuelve a suscitar en mí… Todo eso y mucho más tiene la Semana Santa, es época de reflexión, de reunión, de tradición, pero sobre todo de devoción.

Tras la semana que hemos concluido, para muchos de descanso; para otros de sacrificio, penitencia y lamento debido a la meteorología; no para de hablarse del turismo religioso. Concepto fácilmente entendible por todos, para unos es simplemente una etiqueta más, y para otros es banalizar la religión. Comercializar con la religión.

En un afán por los más doctos en aplicar etiquetas a todo, y en diversificar las acciones, surge el turismo religioso, es decir, en el ámbito en el que el cuerpo y la mente se separan para dar paso a la fé y a ese misticismo que rodea estos hechos. Aunque para muchos es una visita más en la cual establecer una nueva localización y conocer lugares nuevos, para otros implica otro rigor personal. Hablo de turismo religioso, porque durante toda la Semana Santa y la previa, en la prensa no hacía más que hablarse de la ocupación hotelera, el cambio meteorológico y las previsiones; y de éste término. Realmente visitar ciudades y poblaciones españolas para conocer su sentir religioso, representado en su Semana Santa, podría definirse como religioso; pero la mayor parte del turista busca el entretenimiento por encima del deleite, la burla respecto a la decepción en otros, y principalmente el buen yantar. Es decir, propiamente dicho no se aplica a éste tipo de turista el término religioso, ya que por encima de la fe está su estómago, y su ansia por degustar esos platos con varias estrellas de reconocimiento.

Varios ejemplos de lo que se podría establecer como turismo religioso sería el Camino de Santiago, la Jornada Mundial de la Juventud, actos de Beatificación, visitar el muro de los Lamentos,  Fátima, Cúpula de la Roca, Taj Majal…. Tanto cristianos, musulmanes,  judíos, budistas… todos ellos tiene lugares de peregrinación, que son foco de atracción para unos y otros, independientemente de que se siga o no la religión, o se tenga fe.

El próximo 1 de mayo se realizará el acto de beatificación de Juan Pablo II, penúltimo Papa de la Iglesia Católica, y cuya persona motivó en los fieles y principalmente en los jóvenes, una fe y devoción especiales.  Falleció el 2 de abril del 2005 y será beatificado en un tiempo corto de seis años y un mes. Esto es debido al fervor y sentimiento que se tiene aún todavía por Juan Pablo II, irrepetible para muchos.

La Ciudad del Vaticano, y Roma,  se prepara para ese momento, rodeado de varios acontecimientos que es posible que eclosionen con éste acto. Es decir, el 1 de mayo, es domingo, fiesta internacional, y la celebración del día del trabajador, por lo que la afluencia de turistas se verá aumentada en Roma, así como la celebración de manifestaciones a favor de mejoras laborales. Roma, si ya es un caos, ese fin de semana puede superar todas las expectativas. Tengo entendido que la mayor parte de peregrinos que acudirán a la beatificación de Juan Pablo II se hospedarán a las afueras de Roma, debido al elevado precio establecido por hoteles, albergues y demás alojamientos;  y que el transporte público se verá saturado por este acto.

La ceremonia de beatificación será presidida por el actual papa Benedicto XVI, programándose varias misas y actos religioso con motivo de ésta ocasión. La víspera, el 30 de abril, una misa de preparación será celebrada en el Circo Máximo, en el centro de Roma, mientras el 2 de mayo, será oficiada una misa de acción de gracias en la Plaza de San Pedro, presidida por el cardenal Tarcisio Bertone, Secretario de Estado.

Tras el acto, se dará definitiva sepultura a los restos del cuerpo de Juan Pablo II, estableciéndose en la Basílica de San Pedro, como hasta ahora, pero se dispondrán en la Capilla de San Sebastián, junto a la Capilla en la que se encuentra la estatua de La Piedad de Miguel Ángel.





La semana santa en Valladolid: la Procesión del Encuentro

18 04 2011

Cristo Camino Calvario. Miguel Ángel González JuradoTradición, historia, fe, solemnidad, silencio,… son varias palabras que se relacionan con la Semana Santa en muchos lugares, de los cuales Valladolid es destacable por varias cuestiones, una de ellas sería por la calidad escultórica de los pasos que durante éstos días procesionan por sus calles, acompañados por miles de fieles; otra de las variables sería el envoltorio arquitectónico, es decir, la ciudad de Valladolid cuenta con calles y edificios emblemáticos que hace del contenido y del continente una identidad única.  Y principalmente sobre todo, un tradición y una fé en la semana santa heredada de nuestros ancestros, y en la cual nosotros nos sentimos identificados con ello.

Tiempo de contemplación, de ensimismamiento. Es momento de mirar muy dentro, muy dentro. De sentirse sólo entre la muchedumbre.  Valladolid volverá a salir a la calle, volverá a invadir las aceras y a tomar las plazas. Hará un hueco generoso a cuántos se acerquen a contemplar, con emoción contenida, la grandiosidad de los desfiles procesionales.  Durante esta época, nuestra vida se relentecerá a tenor de las procesiones y los actos de la Semana Santa.

Los desfiles procesionales, sus sonidos y sus silencios, su ritmo, su color,  y la liturgia específica de esta Semana de Pasión, dirigirán su enigmática atracción hacia el espíritu preparado en actitud contemplativa. Una vez más, nadie escapará a la seducción de una plástica tan contundente como la que hace procesionar las cofradías vallisoletanas. Una vez más, los imagineros de la Historia –asomados a su balcón celeste- comentarán con orgullo el paso de sus obras.

La Semana Santa, es uno de los principales acontecimientos en la ciudad de Valladolid, ya que atrae a multitud de turistas buscando, el hoy denominado, Turismo Religioso; aunque realmente Valladolid promueve un turismo global no centrado en un único estereotipo; más cuando la Semana Santa vallisoletana es Declarada de Interés Turístico Internacional en 1981. Representando por ello la fidelidad, el rigor y el detalle de la Pasión.

Ésta calificación procede de las cuestiones que hablamos anteriormente, es decir, esa riqueza escultural y arquitectónica sumada a la devoción. No debemos de olvidar la proliferación de la escultura religiosa en la ciudad, y el elevado número de iglesias; por ello cabe destacar a Juan de Juni y Gregorio Fernández, como los dos grandes imagineros de la Semana Santa en Valladolid. Derivando en una escultura, dramática, realista, que busca conmover al espectador,… en la que estableciéndose en una carroza o portando a hombros nos mueve hacia una gran espiritualidad. Las esculturas, durante el año, son dispuestas en las iglesias penitenciales que las adquirieron es sus años, o bien en el Museo Nacional de Escultura, hoy denominado Museo Colegio San Gregorio;  esto hace que durante la Semana Santa tengamos en la ciudad un museo de arte sacro establecido en las calles, que permitan esa devoción de algunos y el deleite de otros.

Dentro de la Semana Santa vallisoletana, destaca un acto desde hace muchos años, la denominada Procesión del Encuentro de la Santísima Virgen, con su Hijo, en la Calle de la Amargura. Muy seguida por los fieles vallisoletanos, y los curiosos procedentes de otras ciudades. Una procesión que detiene durante unas horas, la vida cotidiana, y fervoriza a la población, haciéndonos partícipe el acto del dolor que ambos personajes tienen.

Como indica la denominación, la procesión representa ese encuentro entre la Madre y el Hijo, condenado. De ahí la representación de dolor en la Virgen, y el sufrimiento prestado en Cristo, con la cruz sobre su hombro. Son dos las figuras de ésta procesión, la Virgen de las Angustias y Cristo camino al Calvario.

Hasta hace unos años, la Cofradía Penitencial Cristo Despojado, portaba a hombros la imagen de Cristo Camino al Calvario, atribución a Pedro de la Cuadra, para otros un claro ejemplo de Gregorio Fernández; y que por diversas cuestiones dejó de procesionar y se vio sometido a un cambio.

Realmente se establece un grupo procesional, que refleja el “Camino al Calvario” que contiene un Cristo extenuado, sufrido y doloroso. Éste paso fue desde 1958 hasta 2008, el que la Cofradía del Cristo del Despojo alumbraba cada Martes Santo por las calles vallisoletanas en la Procesión el Encuentro, con la peculiaridad que entre 1991 y 2004, se procesionaba al Cristo independientemente del resto del paso.

Éste paso se conserva y custodia en el Museo de Escultura Colegio de San Gregorio, en la zona de “Salas de pasos de Semana Santa”, estando durante la Semana Santa en la Iglesia de San Andrés Apóstol.

De todo éste entramado, se realiza la figura “Cristo Camino al Calvario”, concluida en 2009  y realizada por Miguel Ángel González Jurado. Representando la figura de Cristo camino al Calvario, en el instante en el que cae al suelo abatido por el sufrimiento y el dolor que sobre él pesa. Tratamiento realista de la figura, buscando la mirada penetrante ante el espectador, mediante un dolor contenido visible en el rostro, pero teniendo el sufrimiento por dentro.

Realizada en madera, con el tratamiento del estilo castellano. Trata de acercarse a las piezas del siglo XVI en el siglo XXI.

La otra pieza ineludible en este acto será la figura de “Nuestra Señora de las Angustias”, realizada por el escultor Juan de Juni, posterior a 1561, portada a hombros por la Cofradía Penitencial de Nuestra Señora de las Angustias. La representación de la Virgen fue coronada canónicamente el 3 de octubre de 2009 en Catedral metropolitana de Valladolid, siendo una de las imágenes más antiguas de las procesiones vallisoletanas. Varias son las fuentes sobre ésta pieza, se dice que Juan de Juni pudo inspirar en la Virgen de los Médicis de Miguel Ángel, aunque según la leyenda el autor modeló el rostro de una de sus hijas agonizante. De hecho la figura expresa un dolor máximo, visible en la tensión de los dedos de la mano, la torsión del cuerpo. Aparece reclinada, como en un momento cercano a un desmayo por el sufrimiento vivido. Además, este sufrimiento se representa con la aplicación de unos cuchillos sobre el pecho, que posteriormente se convirtieron en espadas de plata, y que tras la restauración sufrida por la pieza se eliminaron en 1971.

 

La obra tiene muchas de las características que influyeron sobre su autor, Juan de Juni, que desde Italia aprendió las técnicas de la composición y el posicionamiento de las figuras, así como el tratamiento de los paños.  Como se puede observar en la imagen de la Virgen, se establece una composición a partir de escorzos, con movimiento en la figura. El sufrimiento es tratado en el rostro, a partir de la búsqueda de un naturalismo en el rostro, con la boca entreabierta y los ojos dirigiéndose hacia la cruz donde estará su Hijo. Busca la emoción contenida. Mientras la mano derecha se tapa entre los ropajes, la izquierda se coloca sobre el pecho, en estado de tensión, con cierto aire de inspiración manierista.

Partiendo de dos puntos diferentes de la ciudad, y confluyendo en la vallisoletana Plaza de Santa Cruz, partirá en primer lugar desde la I. P. de San Andrés Apóstol la imagen “Cristo Camino del Calvario”, acompañado de la cofradía del Cristo del Despojo hacia las 20.30h. Mientras que desde otro lugar, en la Iglesia Penitencial de Nuestra Señora de las Angustias, la Cofradía titular, con el mismo nombre, portará a hombros la imagen de “Nuestra Señora de las Angustias”. Partiendo en torno a las 20.45h.

Tras pasar por las principales arterias de la ciudad, el encuentro se establecerá hacia las 22.00h, frente a la fachada del Colegio de Santa Cruz, donde se establecerá un Acto de Oración





El bodegón español en el Prado

15 04 2011

La exposición El bodegón español en el Prado constituye un acontecimiento cultural de destacado interés, considerando la extraordinaria calidad de las obras que se han reunido, la importancia de los maestros que las realizaron y la amplitud cronológica que abarca, desde comienzos del siglo XVII hasta mediados del XIX. A través de las creaciones de Van der Hamen, Zurbarán, Pereda, Arellano, Meléndez, Paret, Goya y Lucas, entre otros muchos autores, la muestra recorre la evolución de uno de los géneros pictóricos más sugestivos, el del bodegón, al que se suma el de los asuntos en los que predominan las flores, desde la fase inicial del Barroco hasta el Romanticismo.

Tan singular proyecto, compuesto exclusivamente por cuadros del Museo del Prado, ofrece a los visitantes la oportunidad de observar y valorar la rica evolución de la escuela española consagrada a la naturaleza muerta y admirar el genio de sus creadores, puesto que fueron muchos los pintores de primer orden que se dedicaron con sus pinceles a reflejar aspectos del mundo en derredor, con una maestría que hoy permite apreciar numerosos pormenores de la vida cotidiana de diferentes épocas.

La pintura de bodegones contribuye a establecer una de las múltiples facetas de la imagen histórica que se tiene de España, merced al punto de vista que ofrecen sus temas del día a día, en este caso los alimentos, los objetos de cocina y los utensilios caseros habituales, así como ciertas formas de las relaciones sociales, la gastronomía, las cocinas e incluso el ámbito de la decoración; además goza de una especial significación en razón de la carga simbólica que gran parte de sus obras poseen, debido a las alegorías que encarnan y a los mensajes que difunden, que van desde el espíritu religioso hasta la expresión material de la prosperidad.

Durante el siglo XVII, sólo la naturaleza muerta tuvo en España amplio desarrollo y constituyó capítulo importante dentro del panorama de toda la pintura europea, aunque su incorporación a la historia “oficial” de la misma sea bastante reciente. Sin duda la naturaleza muerta española -el bodegón, como suele llamarse con denominación ya universal, a cualquier pintura de objetos inanimados, flores, frutas, objetos, animales muertos acompañados a veces por algún personaje humano- tiene personalidad bien singular y responde a una concepción en cierto modo distinta de lo italiano, flamenco, holandés o francés contemporáneo. Una sensibilidad humilde y grave, profunda e impregnada de un sentimiento casi religioso, que ordena los objetos con valor de trascendencia, es lo que hay de nuevo y personal en los primeros artistas españoles de este género, que parece, en ocasiones, tener un carácter casi religioso que a nosotros, menos familiarizados con el lenguaje de los místicos y con las inmediatas metáforas cotidianas de los escritores ascéticos como Fray Luis de Granada, Teresa de Jesús o Juan de Ávila, se nos escapan tantas veces. No es seguramente casual que algunas series de bodegones españoles procedan de clausuras conventuales, que hoy todavía se encuentren en sacristías catedralicias y que su más genial creador, Juan Sánchez Cotán, fuese fraile cartujo. Pero no debe olvidarse tampoco que, a través de los textos contemporáneos, nada se nos dice de ese posible valor trascendente o simbólico de un género del que se elogia tan sólo el virtuosismo en el representar lo inanimado y cuyos cultivadores sólo se recogen y mencionan si, además, han destacado en alguna otra cosa. Así, de Van der Hamen, maestro singular en el género, es elogiado por Palomino en sus obras religiosas y se refiere de pasada a sus “bodegoncillos“, al igual que hace con Sánchez Cotán, de quien alude a su habilidad “en pintar frutas“.

Que se consideraba ocupación menor y casi poco digna, lo muestra también el hecho de que algunos pintores de Bodegón, que hoy conocemos y estimamos gracias a las obras firmadas que vamos descubriendo, no merecieron que Palomino los incluyese en su Parnaso. Ni Antonio Ponce, ni Francisco Barrera, ni Felipe Ramírez ni Pedro de Camprobin, se asoman a sus páginas, y Andrés Deleito lo hace en una mención ocasional, a propósito de los bodegones de Cerezo, pintor bien conocido por su producción religiosa. Todos ellos son hoy, sin embargo, estimados como significativos representantes de un género que sin duda tuvo muy poca consideración en su tiempo. Francisco Pacheco era consciente de ese valor menor de la pintura de objetos inanimados y alza en su defensa una tímida voz, apoyada en la excelsa maestría de los de Velázquez, su yerno: “¿Pues qué? ¿Los bodegones no se deben estimar? Claro está que sí, si son pintados como mi yerno los pinta, alzándose en esta parte sin dejar lugar a otro”.

En la actualidad se tiende, por el contrario, a magnificar este género de pintura, viendo en él complejas significaciones simbólicas que no parecen autorizar los textos contemporáneos. Pero sí hay un sector explícito de este género que, con evidencia, reclama esa lectura: las “Vanitas“, en las cuales se muestra, con el lenguaje de los teólogos y con los tópicos del ascetismo de los predicadores, la vanidad de las glorias del mundo y la caducidad de la belleza, la riqueza y el poder, sujetos todos al inexorable dominio del tiempo y de la muerte. Pereda, Deleito y algunas obras de Valdés Leal son ejemplos soberbios de este género, que cuenta también en las clausuras conventuales con representantes más modestos artísticamente, pero igualmente expresivos en su contenido. Bajo la idea -obsesiva en algunos teólogos y comentaristas- de la fugacidad de la vida y la brevedad de sus goces, no es difícil ver en ciertos bodegones de frutas que muestran picaduras o imperfecciones, o en floreros con flores a punto de deshojarse, alegorías de la inanidad del mundo y de la constante amenaza de la muerte.

El bodegón, es un género que fue considerado siempre como muy menor porque el tema donde no existe la representación del hombre, era considerado de escasa categoría.  En un principio, el bodegón en sí mismo no existía, y sólo es a partir del S.XVII cuando se empieza a considerar como un tema que puede existir con independencia.

El primer pintor que considera tan importante la representación del bodegón como la de un tema histórico es el italiano Caravaggio, que en el S.XVII es el que otorga categoría al tema del bodegón.

El bodegón es la representación de alimentos y bebidas estrictamente, per habitualmente se suele confundir e identificar bodegón con naturaleza muerta, aunque esta sea estrictamente la representación de objetos inanimados. El género del bodegón también se le llama a los cuadros que tratan de confundir al ojo humano, lo que se llama el “trampantojo”, que es esa pintura realista e hiperrealista que finge realidad. Por bodegón también entendemos los cuadros de flores, sería una temática especial dentro de éste.También hay cuadros que pueden tener un sentido alegórico. Mediante la representación de objetos inanimados se hace una alegoría de la brevedad de la vida, de lo fútil que es este mundo, del verdadero valor del más allá. Estos cuadros reciben el nombre de “vanitas”, hacen reflexionar sobre la vida y la muerte.

El bodegonista se interesa por la forma, por el volumen, por el color y por la luz.    En el Barroco los bodegones españoles son sobrios (Zurbarán, Sánchez Coello) y en los Países Bajos son más ricos.

A partir de finales del S.XIX, después del Impresionismo, el bodegón es utilizado como medio de investigación formal, es un pretexto para indagar las posibilidades del lenguaje plástico. El post-impresionista más interesado en él es Cezanne.

A partir de aquí, la pintura contemporánea ha utilizado con gran profusión el bodegón para crear nuevos lenguajes pictóricos, y así, las vanguardias artísticas, empezando por el cubismo, lo utilizaron como campo de experimentación.

La naturaleza muerta o bodegón, se relaciona con una representación pictórica de objetos inanimados, como frutas, flores, caza, utensilios, libros o instrumentos musicales, generalmente agrupados sobre una superficie plana. El tema de la naturaleza muerta, sencillo y sin pretensiones, no suele tener importancia por sí mismo; representa más bien un medio para que el pintor practique la composición y la representación de detalles y texturas. Elementos propios de los bodegones son visibles en el arte romano de la antigüedad, en mosaicos y pinturas murales probablemente basados en modelos griegos, y en algunos casos se dejan entrever en el arte gótico. Con un talante bien distinto, se representan de forma sensible los aspectos del mundo natural en el arte chino y japonés. Sin embargo, el bodegón como forma de arte bien determinada, es fundamentalmente un fenómeno occidental posterior al renacimiento.

Existe una pintura sobre tabla (1504, Alte Pinakothek, Munich), del pintor veneciano Jacopo de Barbari, que representa una perdiz muerta y un par de guanteletes, que suele ser considerada como el primer bodegón verdadero. El desarrollo posterior del género tuvo lugar fundamentalmente en los Países Bajos donde artistas como Jan Brueghel, Pieter Claesz, Willem Kalf y Frans Snyders pintaron cuadros de floreros y mesas con frutas y caza, representados con exuberantes texturas y gran riqueza de detalles. En España, destacó de manera muy especial la austera sobriedad de los bodegones de Juan Sánchez Cotán, en los que una serie de piezas, generalmente de fruta, se distribuyen en composiciones geométricas sobre un anaquel con una sencillez casi mística.

En otros países, la naturaleza muerta estaba considerada como la forma menos importante del arte, hasta que, en el siglo XVIII, el pintor francés Jean-Baptiste Simeon Chardin  demostró sus posibilidades expresivas con sus obras de sosegada armonía. La importancia del bodegón creció a lo largo del siglo siguiente hasta alcanzar el lugar que se merece con la obra del pintor francés Paul Cézanne, cuyos numerosos cuadros de manzanas y naranjas constituyen obras maestras de composición formal. El bodegón se convirtió en una de las formas artísticas más sobresalientes de principios del siglo XX al ser utilizado por artistas como los españoles Pablo Picasso y Juan Gris y los franceses Henri Matisse y Georges Braque, entre otros, como un medio para sus experimentos de cubismo, fauvismo y expresionismo.

En España tenemos varios ejemplos, de los cuales destacará Juan Sánchez Cotán (1560-1627), pintor español creador de la tipología del bodegón en España. Nacido en Orgaz (Toledo), fue un pintor de escaso mérito en los temas religiosos, que sin embargo tenía unas extraordinarias dotes como bodegonista. Se formó en el rico ambiente cultural toledano de finales del siglo XVI, donde eran especialmente apreciadas las novedades, como las naturalezas muertas compradas en Flandes por los coleccionistas. Parece ser que fue discípulo del pintor toledano Blas de Prado (c. 1545-1599) y al parecer se dedicó a pintar bodegones antes de ingresar enla Cartuja en 1603, realizando el noviciado en El Paular para trasladarse en 1612 definitivamente a la Cartuja de Granada, donde vivió hasta su muerte.

Son muy pocas las naturalezas muertas que se conocen de su mano, pero él fue quien definió las cualidades y características del bodegón español, que se mantuvieron sin grandes variaciones a lo largo de gran parte del siglo XVII. Son obras en las que representa muy pocos elementos, -frutas, hortalizas y aves-, que aparecen colgados o alineados sobre el alféizar de una ventana, tratados con preciso dibujo y denso modelado, mientras una intensa luminosidad los destaca sobre un oscuro fondo, acentuando así su realismo y plasticidad. Según la mayoría de los especialistas, Sánchez Cotán pinta estos objetos con un sentido religioso, buscando en ellos, no su apariencia concreta, sino la acción creadora de Dios, idea también recogida en la literatura de la época. Existen bodegones de su mano en el Museo del Prado, Madrid, en el Museo de Bellas Artes de Granada y en el Museo de San Diego (Estados Unidos).

Otro pintor de naturalezas muertas de prestigio fue Francisco de Zurbarán (1598-1664), pintor español conocido por sus cuadros religiosos y escenas de la vida monástica en la época del barroco y la Contrarreforma. Su estilo, adscrito a la corriente tenebrista por el uso que hace de los contrastes de luces y sombras, se caracteriza básicamente por la sencillez compositiva, el realismo, el rigor en la concepción, la exquisitez y la ternura en los detalles, las formas amplias y la plenitud en los volúmenes, la monumentalidad en las figuras y el apasionamiento en los rostros.

Otros temas de la obra de Zurbarán, aparte los meramente religiosos, son los retratos (Conde de Torrelaguna, en el Museo de Berlín), los cuadros históricos (Socorro de Cádiz, Museo del Prado) y sobre todo los bodegones. Aunque son pocos los que conocemos, en ellos muestra claramente su estilo: sencillez en la composición -objetos puestos en fila-, tenebrismo conseguido con fondos muy oscuros, sentido del volumen en las formas y una gran naturalidad. Destacan los bodegones del Museo de Cleveland y del Museo del Prado (Bodegón).

Así mismo contaremos con el pintor Antonio de Pereda (1611-1678), pintor español que trabajó sobre todo en Madrid. Realizó obras religiosas y bodegones, entre los que destacan los cuadros de vanitas, naturalezas muertas de carácter simbólico alusivo a lo efímero de los placeres y glorias terrenales. Nacido en Valladolid en 1611, se trasladó muy joven a Madrid, donde se formó con el pintor Pedro de las Cuevas. Protegido por el marqués dela Torre, consiguió encargos importantes en la corte, donde participó con algunos de los más relevantes pintores de su tiempo, como Velázquez y Zurbarán, en la decoración del salón de Reinos del palacio del Buen Retiro (El socorro de Génova por el segundo marqués de Santa Cruz, 1634, Museo del Prado).

En su producción, dedicada fundamentalmente a los temas religiosos, tienen especial importancia las naturalezas muertas moralizantes o vanitas, en las que se alude de forma alegórica a lo pasajero de la vida (Alegoría de la vanidad, c. 1634, Viena, Kunsthistorisches Museum); también se le atribuye El sueño del caballero (c. 1660, Academia de San Fernando, Madrid).

Junto con todos ellos, también el pintor Mateo Cerezo (1626?-1666), pintor español del barroco cuya pintura se distingue por el refinamiento y la riqueza cromática. Nació en Burgos y se inició en la pintura con su padre. Hacia 1640 se trasladó a Madrid para convertirse en discípulo de Juan Carreño de Miranda. Gracias a su maestro pudo entrar en contacto con la pintura de Tiziano y Van Dyck, quienes influirían de forma decisiva en la obra del pintor burgalés. Después de una breve estancia en su ciudad natal y en Valladolid, se estableció definitivamente en la corte madrileña.

Aunque su obra no es muy numerosa debido a su muerte prematura, su estilo fue muy apreciado por sus contemporáneos por su gran destreza técnica y brillante colorido. Cultivó en especial los temas religiosos, aunque también realizó algunos bodegones. Entre sus obras más destacadas se encuentran Los desposorios de santa Catalina (1660) y San Agustín (1663), ambos en el Museo del Prado (Madrid).

Y por último, y como principal bodegonista español del siglo XVIII, hablaremos de Luis Meléndez. Nació en Nápoles (Italia), en una familia de artistas españoles. Se formó en Madrid, en la Academia de San Fernando y con el francés Louis-Michel Van Loo. Inició su trayectoria profesional como miniaturista, aunque pronto se dedicó a la pintura de naturaleza muerta, género al que dedicó la mayor parte de su producción. Sus bodegones, ejecutados con una técnica extraordinariamente minuciosa, presentan unas composiciones sobrias y ordenadas con pocos elementos, que aparecen descritos en detalles y calidades con gran realismo. El Museo del Prado (Madrid), posee un relevante conjunto de obras suyas, integrado por más de cuarenta cuadros procedentes del palacio de Aranjuez y realizados por el artista a finales del siglo XVIII. Es una serie destinada en su origen a representar distintos alimentos característicos de España.

En uno de los cuadros recogidos en la exposición que el Prado consagra al gran pintor español del siglo XVIII, Luis Meléndez, no es bodegón todo lo que reluce. Un examen con radiografía de esa obra, Bodegón con naranjas, plato de nueces, melón, cajas de dulces y recipientes, fechada en 1772 y traída para esta muestra dela National Galleryde Londres, sacó a la luz un retrato del rey Carlos III escondido tras las frutas. El busto fue ocultado por Meléndez, haciendo desaparecer una de las pocas obras con figura humana que conocemos de este artista.

Luis Meléndez se tuvo que conformar con trabajar sólo el bodegón y con vivir sometido a los vaivenes del mercado, si exceptuamos el encargo que recibió de Carlos IV para su Gabinete de Historia Natural, trabajo que hoy constituye el centro de los fondos del Prado sobre Meléndez y de cualquier exposición que se precie en torno a su figura.

El pintor encontró en el bodegón el camino hacia el que sus capacidades creativas, entre las que destacaba principalmente su potencial naturalista, o sea, representar fielmente la realidad. Sin posibilidad para demostrar su potencial para los grandes géneros -retablos religiosos o frescos históricos- , se tuvo que conformar con una disciplina entonces considerada menor. Sólo su buen hacer y la recuperación de esta temática pictórica por las vanguardias del siglo XX han permitido a Meléndez sobrevivirse a sí mismo.

Es imposible que imaginara que sus cuadros pudieran acabar dentro de una exposición en una de las grandes pinacotecas del mundo. Las naturalezas muertas de todo un Dalí son el mejor homenaje con el que nuestros días podían celebrar a Meléndez, cuya destreza le permitió acabar demostrando que, tras esa fidelidad a la realidad, se esconden unas reglas abstractas que un siglo después sacaría a la luz nada menos que Cézanne.


El bodegón español en el Prado

24 de marzo– 26 de junio de 2010
Centre d’Art d’Alcoi –  Alicante





La Catedral de Zamora

13 04 2011

Joya de la arquitectura románica, dedicada a El Salvador, la Catedral de Zamora es un claro ejemplo de la influencia del Camino de Santiago y la tradición románica francesa en Castilla, relacionándose con el denominado Románico del Duero. Declarado Monumento Nacional por Real Orden el 5 de septiembre de 1889.

Las fechas constructivas y de consagración se establecen a partir de la inscripción dispuesta en el sepulcro del Obispo Esteban. La cual indica que la construcción comenzó en 1151, y que fue consagrada hacia 1174; continuando parte de su obra hasta siglos después. De ahí que se atribuya su construcción a éste Obispo. Disponiéndola junto al Castillo, en la parte mas digna de la ciudad; estando patrocinada su construcción por  Alfonso VII.

La inscripción relacionada con la construcción de la Catedral indica: «Esta casa se hizo sobre la salomónica que la precedió. Aquí añadid la fe. Y esta casa sucede a aquella por su magnificencia y coste. Se realizó en veintitrés años desde que se cimentó. Se consagró con la ayuda del Señor el año MCLXXIII, teniéndose a Esteban por su constructor».

Se utiliza como material constructivo la piedra pudigna zamorana, modalidad de granito basto de apariencia dura con facilidad de erosión ante las inclemencias del tiempo, teniendo además la característica de enrojecer por la humedad; siendo esta nota algo característico de la Catedral. Esta piedra es característica de la arquitectura románica de Zamora, y se extraía de las canteras de Valoria. Junto con éste tipo de piedra, se aúna otra piedra de carácter arenisca, más fina, utilizada para realizar la decoración escultórica; siendo la misma empleada en la Colegiata de Toro, cuya construcción se establece en años similares a los de la Catedral.

El plano de la arquitectura se establece a partir de una planta de cruz latina, con tres naves de cuatro tramos cada una, siendo la nave central más ancha y elevada que las laterales, lo cual permite una iluminación a través de una serie de ventanales que se disponen sobre la cubierta de las naves laterales.

Respecto al trazado, destaca la corrección geométrica con la que está realizada; desembocando en una simbología, ya que se sugieren triángulos y cuadrados, buscando con ello la proporción áurea.  Esta creencia es establecida por los pitagóricos, hacia el s. V a.C., que pensaban que la arquitectura, al igual que el resto de las artes, podía conseguirse con proporción numérica, manteniéndola constante en toda su fábrica; siendo ésta constante la sección aurea.

 

En la planta de la Catedral de Zamora, la base será el triángulo, manteniendo como constante el número 3 y el número 4 que aparecerán por ejemplo en los cuatro tramos de las tres naves o en el sistema de soportes, disponiendo tres columnas adosadas a pilares, con planta cruciforme.

Al exterior se aprecian los volúmenes generados por las líneas rectas, disponiéndose las figuras geométricas simbólicas, como son el triángulo, el rectángulo y el círculo. Todas ellas se aprecian al exterior, en el alzado; y en el interior en planta.

Arquitectónicamente, destaca en el alzado el cimborrio, siendo la aportación más original de la construcción, cuyo levantamiento se establece sobre un basamento de piedra, en el que se disponen ventanales para el acceso de la luz, y sobre el que se aplican unas torres en los ángulos. Sobre esta parte, se construye la cúpula propiamente dicha, siendo ésta gallonada y peraltada, con nervios ligeramente apuntados. La decoración de la cúpula destaca por su originalidad, ya que tiene forma de escamas, realizadas sobre el propio sillar. Estaría realizada en el último cuarto del siglo XII, teniendo varias influencias como la francesa, la bizantina o la musulmana. Será el principal ejemplo de éste tipo de arquitectura, junto con el realizado en la Colegiata de Toro o la Catedral de Salamanca. Ésta utilización de escamas lo relaciona con la forma de representación de los montes en las miniaturas, especialmente en los Beatos, se asemejaría la Monte Santo en la Jerusalén Celeste, pensado por ello que se usa este elemento con ése sentido.

Al interior, está policromada, marcándose los nervios de la cúpula. Destaca la claridad aprovechada a partir de la construcción de ventanales en la base de la cúpula, relacionando este echo como que fuera la cúpula fuente de luz, símbolo de Cristo, luz del mundo.

 

 

 

 

 

De la misma época constructiva, será la Puerta del Obispo, situada en la fachada sur. Será la puerta de acceso correspondiente a la nave del crucero, siendo la única puerta románica que actualmente se mantiene. Su estructura se establece a partir de una triple arquería cobijada por una cubierta a dos aguas. El arco central descansa sobre columnas, con fuste estriado y capiteles lisos. A partir de este arco central se establece un sentido vertical en la fachada, que tiene como contrapunto las impostas horizontales. El cuerpo superior está finalizado con unos arquillos lobulados, disponiéndose un ventanal con arco con decoración vegetal en sus capiteles.

En el cuerpo central, veremos cinco arcos ciegos que decoran el tramo. Disponiéndose tres en el tramo central y una a cada lateral. Pero la zona más importante por sus motivos arquitectónicos y escultóricos es el tramo inferior, en el que destaca el arco central con cuatro arquivoltas que son lóbulos cerrados, formando arquillos en el extrados y almohadillado en el intrados.  Este tipo de decoración se relaciona simbólicamente con la idea de Bienaventuranza y felicidad, ya que el uso de los lóbulos en las portadas románicas se relaciona con las Puertas del Paraíso. Incluso sería posible el uso de policromía en esta zona, en tonalidades verdes, color de la gloria de Dios.

Destacan los relieves escultóricos establecidos en esta parte de la portada, que aparecen en las calles laterales de la portada, sobre los arcos del tramo inferior. Se establece en primer término en un platillo de gallones, asemejándose a una gigantesca flor, cuyo centro es como una piña de cedro. La flor desde culturas atrás, tiene carácter sagrado, relacionándose en la cultura cristiana a la idea de santidad. Flor formada por 12 pétalos, relacionada con los Apóstoles, siendo por tanto el conjunto, la representación de la Iglesia y su santidad. Bajo éstas flores, se realizan dos relieves. A la derecha La Virgen con el Niño y a la izquierda San Pablo y San Juan.

El altorrelieve de la Virgen María con el Niño se cobija bajo un arco de medio punto, decorado por hojas de palmera de las que salen fruto. Decoración profusa, con temas vegetales, siendo éstas hojas de palmeta que se relacionan con el símbolo de la gloria, la victoria y el esplendor. Así mismo toda ésta decoración presta al conjunto una belleza, movimiento y riqueza ornamental con gran virtuosismo en su realización.

La iconografía de ésta representación sería la Virgen María con el Niño Jesús, como Theotokos o Sedes Sapientiae, es decir, la Virgen como Trono del Niño Jesús.  En la representación de la Virgen aparece con la mano levantada, como si portara algún objeto, pero es desconocido este dato; ya que esta parte de la escultura esta perdida. Vestida con un manto bizantino y tocada con corona real, se dispone una composición simétrica con respecto al eje central, ya que aparece flanqueada por los ángeles a los laterales, ambos de perfil, con gran detalle en las delicadas alas. La Virgen, aparece sentada, como indicamos anteriormente, y apoyando los pies sobre un estrado a modo de acueducto.  La corona de la Virgen lleva representación de torres con cúpulas bulbosas con casas, tal vez siendo un intento de representar la Zamora de la época, o incluso la parte de la Catedral construida.

Respecto a la figura del Niño, aparece sobre las piernas de la Virgen, descalzo, en actitud de bendecir. Le faltan dos partes del cuerpo, como son la cabeza; y la mano izquierda, en la que portaría el rollo de la ley.

La representación escultórica se realiza sobre un único bloque de piedra arenisca fina; en la que el tema tratado de la Virgen como trono de sabiduría procede de la influencia bizantina que durante la época de la ejecución hubo tanto en Castilla, como en León, Aragón y Cataluña; y sus respectivas construcciones románicas.

 

En el arco de la derecha, aparece la representación en relieve de San Pablo y San Juan. Tratado con una decoración menos profusa, lleva el baquetón liso sin decorar al igual que la imposta; en el tímpano del arco será donde se realice la escena de los dos santos en diálogo. Este relieve es un intento de acercarse a un naturalismo, que hasta la época no proliferaba, ya que la comunicación entre personajes no era muy abundante. Éste intento se consigue en las partes superiores de las figuras, de cintura hacia arriba, debido a la rotación de la cintura y la posición de las piernas.  El libro que porta San Juan, figura de la derecha, está decorado con motivos típicos del siglo XII, con decoración profusa. Mientras que el libro de San Pablo aparece abierto, mostrando lo que en él aparece.

Como bien saben, el Románico es un arte creado para la enseñanza del pueblo, un arte catequético, donde la imagen es la mejor enseñanza para el cristiano; por ello se puede decir que todo contacto con la Virgen hace florecer hasta lo más seco y duro, de ahí los motivos ornamentales en el arco de la Virgen. Las figuras representadas se relación con el estilo Románico Borgoñón, derivado de lo bizantino y con tendencia al movimiento y a la expresividad.

Otra de las zonas de acceso, se sitúa en la fachada norte, de 1591, situada en el crucero, hoy sería la puerta principal, que se dispone como telón ocultando la fachada románica y la cabecera gótica. Diseñada por Juan de Ribero Rada en 1592, utiliza una traza muy sobria, por influencia de Juan de Herrera. La puerta de acceso, es una mezcla entre arco de triunfo y fachada de templo romano, con un arco de medio punto, con columnas pareadas a los laterales de orden corintio, disponiéndose los emblemas del cabildo en las enjutas del arco.

 

 

En el centro del tímpano, aparece la representación de El Salvador, al cual se dedica la Catedral. La figura aparece bendiciendo con su mano derecha y con la izquierda sostiene el globo terrestre.

 

 

 

 

 

 

Como elemento vertical, destaca la Torre del Salvador, de unos 45 metros de altura, construida durante el siglo XIII, continuando el estilo románico, y no teniendo influencia del gótico del momento. Parece ser que debió de estar almenada, actualmente no dispone. De plan semicuadrada, con mucha sobriedad, decorado únicamente con las impostas de tipo zamorano que generan los cinco cuerpos que se ven al exterior; dispone de vanos en cada lateral de la torre utilizado para disponer las campanas de la Catedral.





GRUPO SIMANCAS : PAISAJE – COLOR – EXPRESIÓN (y II)

11 04 2011

Ésta exposición antológica “Grupo Simancas: paisaje, color, expresión”, vuelve a poner en conocimiento la obra de los principales artistas que se reunieron en Valladolid en el siglo XX, y que reflejaron el paisaje castellano tal y como lo veían desde su perspectiva.

En total se disponen 72 pinturas, procedentes de coleccionistas públicos y privados; junto con material relacionado con el Grupo, como carteles de sus exposiciones, retratos holográficos, documentación sobre el Grupo; así como un documental de Adán Santiago. Con todo ello, veremos el punto de partida de éste grupo de intelectuales y artistas; su nexo en común como es el paisaje castellano y su buen hacer en la pintura. Dando un nuevo contexto a la vida cultura vallisoletana del siglo XX, y captando la esencia de la tierra.

Continuaremos con el tercero de los artistas de éste grupo, que será Domingo Criado (1935-2007), colaboró en diferentes publicaciones escritas, haciendo dibujos e ilustraciones para ellas; así mismo destaca como ilustrador editorial, teniendo además una amplia actividad como cartelista de eventos de la Administración Pública. Su obra se dispone a relacionarse con un arte expresionista, con una evolución en el colorido pasando hacia tonos más intensos, como el uso del rojo. Incluso parte de una obra que representa mediante una abstracción no muy marcada, como sucede en dos de las obras dispuestas, “Representación de dos mujeres” y “Casas”, en las cuales a partir de la aplicación de colores y estableciendo las formas podemos comprobar lo representado.

Posteriormente se aleja de esa forma de pintura, y su abstracción es habitual, disponiéndose la mezcla de técnicas en la misma tabla, como el uso de collage y acrílico.  Buscando a partir del color y de la forma de la pincela, la generación de la idea de lo representado, como en su obra “Paisajes Castellanos”, dos acrílicos sobre tabla en el que predomina el uso del marrón, ocres, amarillos, negros, blancos… mezclándose entre ellos mediante una pincelada rápida,  y que genera el espacio representado.

Gabino Gaona (1933-2007), originario del grupo junto a Félix Cuadrado Lomas, establece un estilo expresionista en sus obras. Ésta será la tendencia que marque su oba, evolucionando desde una temática paisajística de tonalidades terrosas, pasando por la estética poscubista debido a la relación que tiene con el Grupo Simancas, hasta llegar a ese estilo expresionista, en el que mezcla las experiencias vividas en los diferentes lugares recorridos por el artista, teniendo una carga vital esas sensaciones. De ahí el reflejo en sus obras de los lugares recorridos, como Tenerife, Simancas,…  y los personajes que allí conoce, es decir, representación figurista. Disponiendo de una evolución en su pintura respecto al uso de las formas, ya que parte del cubismo y con los años pasa a ese expresionismo tan característico en su pintura.

Otro de los artistas del grupo, y uno de los que lanzaron su obra fue, Jacobo (1932), seudónimo y marca comercial que está unido al pintor y galerista Fernando Santiago. Formado en ámbito artístico, a partir de una formación en dibujo y modelado; así como estudios de cerámica. Busca su autenticidad a partir de los viajes que realiza, donde descubre lo realizado en el arte hasta esa fecha. Empapándose de las corrientes pictóricas del siglo XX.

Su obra refleja un tema muy usado por éste Grupo, como es el paisaje castellano; pero además interpresa la figura femenina a partir de sus representaciones. Dispone a la mujer, desnuda, en diferentes posiciones. Con un tratamiento pictórico muy abstracto, no se definen rasgos, sólo la figura, los volúmenes; siendo una mujer de grandes pechos y anchas caderas. Dispuesta a partir de un fondo colorista, en el que se inserta la figura femenina.

A partir de los años setenta, Fernando Santiago, estableció la Galería Jacobo en Valladolid, y después se formó la Galería Arcón, en Simancas. Agrupándose los pintores alrededor de ambas, organizándose varias exposiciones colectivas o individuales; que daban a conocer la obra al público de a pié, y se completaban con charlas entre los artistas y el público.

Finalmente, el acuarelista y grabador Francisco Sabadell (1922-1971), el mayor del grupo, y el primer desaparecido. Sus actividades estaban relacionadas con la poesía, así como su interés por el paisaje castellano; elemento unificador del grupo. Destaca en su pintura, el género del bodegón, muy tratado en el siglo XX en las diferentes corrientes artísticas. De ello disponemos en la exposición de varios ejemplos, como una acuarela sobre papel, que representa una mesa, con la botella de vino, el pan y un plato con dos peces; así como “Silla junto a ventana”.

Posteriormente, y tras las experiencias pictóricas, realiza una pintura más abstracta, en la cual se realiza una mezcla de colores y formas, que definirán la representación, como “Benajemí”, que representa una población en ésta acuarela, a partir de colores y líneas.

Para concluir la exposición, se unifica un tema no tratado hasta ahora. Se relaciona con el paisajismo, pero no el relacionado con los campos de Castilla; sino con Nazaré, localidad portuguesa, cuyo destino veraniego establecieron parte de los artistas que forman el grupo. De esta localidad, se hacen representaciones relacionadas con la actividad pesquera, por parte de varios de los pintores, demostrando en un mismo tema, variaciones en la percepción de una misma realidad. La creación de estas obras varían en unos tres años, y cambian sustancialmente, siendo realizadas por Gabino Gaona en 1970, Cuadrado Lomas en 1971 y Jacobo en1969. La técnica es similar, oleo sobre tela, pero la ejecución varia ya que Cuadrado Lomas las establece a partir de lo geométrico,  Gabino con cierta tensión expresiva y con afán constructivo por parte de Jacobo. Serán las mismas barcas de proa alta en colores vivos, pero siempre distintas.

Se puede encontrar más información sobre el Grupo Simancas en la obra realizada por la Diputación de Valladolid, con el título “Retrato de familia” (Autobiografía del Grupo Simancas). Escrito por Ramón Torío Cabezón, de 2010.

–       Museo de Arte Contemporáneo PATIO HERRERIANO de Valladolid –

Del 18 de marzo al 23 de octubre de 2011 – Salas 6 y 7

Actividades culturales relacionadas con la exposición:

“De libros, versos y cuadros: la librería Relieve y el Grupo Simancas” Pabellón de Autores – 44ª Feria del Libro de Valladolid, 30 de abril a las 13:00 h.

“Una mirada al arte del Valladolid de la 2ª mitad del siglo XX”.
Salón de Actos del Museo Patio Herreriano. 18 de mayo. 20:00 h. Día Internacional de los Museos.





Grupo Simancas: Paisaje, color, expresión. (I)

10 04 2011

 

 

Artistas e intelectuales, representan un hito en la vida cultural y artística de Valladolid; formando el principal núcleo cultural desarrollado en Valladolid en torno a los años 70. Buscando una amplitud de miras en el horizonte cultural local. Un grupo de amigos, procedente de diferentes ámbitos y con formación independiente, sin un nexo estético de unión, que simplemente buscan la expresión artística  de diferentes lenguajes de la modernidad contemporánea; sin establecer uno como hilo de unión entre todos sus componentes.

 

 

La denominación del grupo es debida a la última etapa de muchos de ellos, establecidos en la localidad vallisoletana de Simancas, en la cual se desarrollan los vínculos de relación entre dichos intelectuales y artistas, en la librería Relieve, fundada en 1951 por Domingo y José Rodríguez; y cuya materialización se establece con la creación de la Sala de Arte «Jacobo», a partir de 1966, con el pintor y galerista Fernando Santiago como principal artífice. De ahí el nombre, Grupo Simancas, ya que además de las reuniones en la librería y en la sala de arte, muchos de ellos se trasladaron a vivir a la localidad de Simancas, lo cual actuó como fuente de inspiración para la dedicación a sus trabajos artísticos, muy relacionados con el paisaje y el color castellano. Estableciéndose una relación directa entre los artistas del grupo y la zona, reivindicando esa identidad y esencia de los campos castellanos, plasmándolo posteriormente en su obra gráfica. Uno de los temas más representados es el paisaje,  y como bien define el subtítulo de la exposición, forma parte de la identidad del grupo. Explorando las zonas castellanas, hasta definírnoslas en diferentes momentos del año.

Imagen procedente de la exposicion Grupo Simancas del Museo Patio Herreriano de Valladolid - 2011

 

La obra desarrolla en dos de las salas del Museo de Arte Contemporáneo PATIO HERRERIANO de Valladolid pretende acercarnos la obra gráfica del núcleo central de éste grupo cultural desarrollado en la capital del Pisuerga.  Estableciéndose en un orden relacionado con cada pintor, se desarrollan una composición expositiva sencilla, disponiéndose la relación entre las obras por artista y por el tema representado, permitiéndonos verificar esa evolución en el tratamiento de la pintura, a partir de los temas representados, los colores usados  y las técnicas establecidas para la concreción de la obra.

 

El primero de los representantes que aparecerán en nuestra visita será, Félix Cuadrado Lomas (1930), uno de los pintores más importantes que tiene la provincia de Valladolid, reconocible por su inseparable barba blanca y larga, acompañado de su boina negra, de ahí ese carisma que se establece entre sus paisanos. Entre todos los artistas del grupo, se le conoce como el  Maestro, ya que es uno de los primeros artistas en establecer el núcleo original.

Su obra, se ha denominado como expresionista, basándose principalmente en el paisaje de la provincia, y en elementos del mundo rural, por ello en la exposición veremos diferentes obras que representarán sus temas principales como los paisajes, que incluyen serie de árboles, las viñas, sintonización de los paisajes,… además de los bodegones, donde usa los huesos y la carne para sus representaciones;  las figuras humanas, a partir de composiciones, retratos individuales, desnudos… Es decir, a partir de un estilo con estilización geométrica que se asemeja al cubismo, representa ese gusto por la pintura acercando lo cotidiano al espectador. Toda ésta temática estará representada en la exposición, teniendo ejemplos de cada una de ellas.

 

 

He comentado el tema de los retratos, y la primera de las obras que veremos en la exposición será “Toreros antes del paseíllo” (1987), perteneciente a la Diputación de Valladolid y establecida habitualmente en el Hospital Viejo de Valladolid en el Servicio de Educación y Cultura. Como podrán comprobar, representa una serie de retratos, de nueve personalidades, que no toreros; siendo éstos cinco pintores del Grupo Simancas, acompañados con dos escritores, un médico y un librero. Que se representan como testigos y partícipes de la evolución cultural vallisoletana, ya que cuando se realizó el cuadro todos los representados estaban vivos. Se establece como retrato del grupo artístico, teniendo un giro humorístico al establecerse los intelectuales como toreros, asemejándose la obra a otras en las que se representa a los integrantes de alguna generación intelectual.

 

La realización de la obra se establece a través de un esquema geométrico, en la que se establece la estilización de Cuadrado Lomas y la figuración. Los representados son reconocibles, estableciéndose la disposición de seis de las figuras en primer plano y las otra tres únicamente se visualiza a parte superior, que sería su retrato. Se usan diferentes colores, para dar esa gradación y cercanía a lo real, estableciéndose características propias en cada personaje, como la representación del cigarrillo, la bandera de castilla y león en el capote de uno de ellos, el puro, o las gafas de Cuadrado Lomas.

 

Otro de los artistas que forman parte del Grupo Simancas será el chileno, Jorge Vidal (1943-2006), que representa la aportación exterior, ya que llega a  Valladolid en 1967 y no es hasta 1976 hasta que se dispone definitivamente en la ciudad. Será uno de los introductores de la abstracción en Castilla, lo cual hace la concesión de varios premios a su obra, como II Bienal de Pintura Contemporánea de Barcelona.  Procedente de Valparaíso, y formado en pintura en Alemana, realiza su viaje a España, tanto a Madrid como a Valladolid, donde tras coincidir con parte de los artistas que forman el grupo, se establece, comenzando a crear en su estudio y realizando varias exposiciones individuales de su obra. Siendo éstas las primeras en la Sala Jacobo, con obras con un gran colorido. Ese elemento será el principal en sus obras el color, variando según las épocas.

 

 

En la exposición destaca el colorido de sus obras, disponiéndose varios ejemplos de la evolución en el uso del color, en el cual destacan los azules, malvas, las pinceladas en negro… Estableciéndose una abstracción en su pintura que hace que discurramos, y observemos detenidamente la representación. Creando un espacio vital de comunicación entre la obra y el artista, haciendo partícipe de ello al observador. Gusto por la mezcla de tonalidades, a partir de la experimentación de los colores. Como la obra “Materia”  de 2001, perteneciente a la Fundación Villalar, colaboradora de la exposición prestando varias obras del artista hispano chileno.  Experimenta con la fusión de colores, estableciendo un fondo amarillo sobre el que aplica azul, para que el color se desarrolle y funda, dando lugar a una técnica mixta en la que el autor busca la participación del propio material en la obra; dando lugar a otro color diferente al aplicado. De ésta manera realiza muchas de sus experiencias artísticas, estableciendo un fondo sobre el que aplica una serie de colores y tonalidades que se van mezclando unas con otra de manera aleatoria, buscado la síntesis del color. Diferenciándose en algunas de ellas si establece perfiles definidos a partir de los colores, que pretende crear formas y figuras a partir de su particular visión de la abstracción.