JOSEP MARÍA SERT – El archivo fotográfico del modelo

30 11 2012

Portada Sert

Josep María Sert: “El archivo fotográfico del modelo”, una reveladora exposición organizada en el Museo Nacional de Escultura de Valladolid, que muestra 74 fotografías hechas por el pintor catalán durante el proceso de creación de sus monumentales cuadros. En ellas se presenta el sorprendente proceso de trabajo de este gran muralista europeo del siglo XX, uno de los artistas más célebres de su tiempo.

El motivo de la ubicación de la exposición en el MNE se debe a la fascinación que Sert sentía por este museo y por la obra de Alonso Berruguete. Y por la colección que museo posee de las figuras de Belén napolitano que el pintor utilizó en su proceso de creación artística.

Josep M. Sert (Barcelona, 1875 – 1945) creó una particular obra pictórica de temática a menudo alegórica y religiosa. Desarrolló su vida artística en París, donde ensayaba con modelos, maniquíes y figuras, creando grandilocuentes escenografías.

“El archivo fotográfico del modelo” nos adentra en una pequeña parte de esas imágenes, que habían permanecido inéditas durante años. Pertenecían a Leonard Mancini, su modelo y ayudante en las dramatizaciones que el pintor hacía en su estudio. Estas fotografías descubren al artista en su faceta más íntima y vanguardista.

Estudio para el San Sebastián de «El altar de la raza»

A la muestra, que se presentó por primera vez en el Arts Santa Mónica de Barcelona, se añadieron a su paso por el Museo de San Telmo de San Sebastián, 19 fotografías inéditas restauradas para la ocasión. En su presentación en el Museo Nacional de Escultura de Valladolid, la exposición se completa con 18 figuras de belenes napolitanos del XVIII de la colección permanente del museo, dos de las cuales fueron propiedad del artista.

El artista, experimentaba en su taller, tratando de integrar la pintura en la arquitectura como forma de renovación del arte mural.

Comprometido con la causa aliada, durante la primera guerra mundial acudió al frente con su máquina de fotos en compañía de Jean Cocteau y Misia, que incluso fue vestida con uniforme de la cruz roja. Con un par de ambulancias ayudaron a socorrer heridos. Sert organizó también a un grupo de fabricantes textiles para suministrar

ropa y mantas al ejército francés, acciones todas por las que le concederían la Gran Cruz de la Legión de Honor.

En los años 20 empieza su colaboración con los Ballets Rusos, que influirían mucho en su trabajo pictórico. Y durante esta época, su obra recibe su gran reconocimiento gracias al narchante de arte, Wildenstein de Nueva York, quien organizada un gran exposición a través de su galería, especializada en los antiguos maestros y donde, en 1924, el pintor celebra su primera exposición. Dos años después, le llegaría la consagración definitiva con una exposición en el Museo Nacional Jeu de Paume de París.

Los años treinta son los de su reconocimiento oficial e internacional, con los encargos del Centro Rockefeller de Nueva York y la Sala del Consejo de la Sociedad de Naciones de Ginebra, obra esta última que hace por iniciativa de su amigo, el entonces presidente de la Generalitat, Francesc Macià, y que está considerada como la aportación de la joven democracia española al entonces nuevo organismo internacional.

J. m. Sert dirigiendo la instalación de El desarrollo  de la Medicina, en el Rockefeller Center, Nueva York. 1933

LA EXPOSICIÓN

La exposición se distribuye en ocho salas, que muestran un total de 74 fotografías y 18 figuras de belenes napolitanos del siglo XVIII de la colección permanente del Museo Nacional de Escultura. Figuras que se exhiben junto a una recreación del taller del artista, su laboratorio experimental, el lugar del que salieron todas sus imágenes. Un audiovisual mostrará también su disciplina de trabajo, el entorno artístico en el que Josep M. Sert se desarrolló y sus fuentes de inspiración. El recorrido por la exposición lo cierra “El puente español”, un biombo inspirado en la iconografía de Berruguete, por quien Sert siempre manifestó su admiración.

Estudio para “Embarque triunfal”

LAS FOTOGRAFÍAS EN SU TALLER

El gran interés de esta exposición se centra no en la obra pictórica de Sert sino en las fotografías que él mismo realizó en el transcurso de gestación de la misma. Estas, son imágenes que el artista hacía como parte de su proceso creativo y que, por tanto, nunca concibió para exponer. Este archivo nos adentra en una faceta más innovadora y poco conocida hasta ahora en la obra de este artista que, aunque tuvo un amplio reconocimiento en su época, en los últimos años parecía haber caído en el olvido. Estas fotografías, que documentan su inesperado método de trabajo, nos redescubren a Sert como el vanguardista que ahora se reivindica.

En 1918, a través del marchante Vincenzo Catello, Sert adquiere varias figuras de un belén napolitano del siglo XVIII. Curiosamente, algunas de estas piezas pasaron de mano en mano a lo largo de los años, terminando en la colección permanente del Museo Nacional de Escultura de Valladolid, piezas que ahora se exhiben aquí, junto a las fotografías de Sert.

catellets

Entre 1927 y 1935, Sert se dedica a hacer series de fotografías con esas figuras a las que radicalmente descontextualiza, convirtiéndolas en actores de sus excéntricos montajes y otorgándoles un significado totalmente nuevo. Tan pronto las convierte en castellers, como compone con ellas grandes torres, diagonales y pirámides, encabalgándolas en una iconografía de masas que conecta con el mejor cine del momento, el que hacían Griffith y Eisenstein.

Estas figuras, tenían para Sert un gran interés por las posibilidades expresivas que le brindaba tanto la articulación de sus cuerpos, como el realismo de sus facciones. El artista las sometía a complicadas poses y el montaje final es lo que captaba con su cámara desde inesperados ángulos. Incluso las disfrazaba, para recrear con ellas todo tipo de situaciones: desde el disparate goyesco, pasando por la feria callejera, hasta llegar a la fantasía exótica. Las ropas las confeccionaba una costurera y ese realismo, es el que le permite observar después, sobre la fotografía, cómo incide la luz sobre esas telas que plasmaría más tarde en sus lienzos. Es así como bajo el objetivo de su cámara, Sert transforma la tradición popular navideña en un universo tan alucinado como inquietante.

estudio anatomico

Su modelo y ayudante, Leonard Mancini, posaba en largas sesiones, desnudo y en forzadas poses llenas de expresividad.

 Según María del Mar Arnús, Comisaria de la Exposición: “Así, han quedado unas imágenes con unos encuadres sumamente audaces, perspectivas abruptas, gestos y actitudes nada usuales, y una soltura asombrosa en el manejo de los efectos de equilibrio y desequilibrio.

En algunas de estas fotografías aparecen reforzados los contornos mediante el dibujo, en otras acentuadas las líneas de fuerza, en otras, emborronado el bromuro, otras desenfocadas o cuadriculadas con lápiz. Además de poseer un carácter estético en sí, ilustran su sistema de construcción, descubren la estructura que subyace a una obra sumamente elaborada. Muestran la metamorfosis que experimenta la obra”. 

estudio Cristo

Una sala de la exposición recrea el taller parisino de Sert junto a unas figuras de belenes napolitanos similares a las que le sirvieron como herramienta de trabajo en sus escenografías dramatizadas. Dos de ellas, la Arménide y el Caballo de paso, son las que Sert utilizó en su día, cuando formaban parte de su colección.

belen napolitano valladolid

Forma también parte de la exposición el audiovisual “Josep M. Sert. Un barroco del siglo XX”, que hace un repaso por el entorno artístico que marcó la vida de este catalán afincado en Paris, rodeado de amigos como el director de los Ballets Rusos, Sergei Diaghilev, para quien crea decorados y vestuarios o la diseñadora Coco Chanel, íntima amiga de Misia (su primera esposa). También muestra imágenes del taller que Sert instala en vía Segur, y las fotografías de su asistente, Leonard Mancini, donde el artista revela las enormes posibilidades que le ofrece la fotografía.

El audiovisual incluye también un breve recorrido por Las Cuatro Estaciones, un trabajo inspirado en la iconografía de figuras de Belén con las que trabajaba. Un encargo con el que perfecciona la técnica del “decorado caja”, un tipo de decoración en el que la pintura invade toda la sala ocultando sus líneas arquitectónicas.

escultura_berrugueteLa proyección concluye con los grandes maestros que inspiraron al artista, entre ellos Alonso Berruguete, uno de los escultores mejor representados en este museo, además de Rubens, Goya, Tiépolo o Miguel Angel, sus referentes en la realización de sus pinturas murales. Como definió al pintor el conde de Sert: “modernista por tradición, barroco por formación y elección, y hedonista por naturaleza.”

EL “PUENTE ESPAÑOL”: UN HOMENAJE A BERRUGUETE

La escultura gozó, en el gusto artístico de Sert, de una predilección especial, como se constata en las fotografías que se muestran en la exposición, con sus escenas pobladas de estatuillas y maniquíes. Y como lo corroboran también, no sólo las numerosas fotografías y postales que acumuló durante sus viajes, sino la inspiración que encontró en la imaginería barroca para sus pinturas murales.

Sert siempre manifestó su entusiasmo por el Museo Nacional de Escultura y por la figura de Alonso Berruguete. En su obra “El puente español”, un biombo realizado en 1933 a sanguina sobre tela adherida a tabla, pintó célebres iconos berruguetianos como el San Sebastián, que aquí se exhibirá junto al biombo, obra que cierra el recorrido por las ocho salas de la exposición.

“El puente español”, 1933

INFORMACIÓN PRÁCTICA

Exposición del 21 de septiembre a 20 de enero

Entrada gratuita

Horario:

Martes a sábado: de 11 a 14 h y de 16,30 a 19,30

Domingos: de 11 a 14 h

Apertura nocturna y gratuita: del 21 de diciembre al 4 de enero, hasta las 21 h

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Casa del Sol: Nueva Colección, Nuevo Espacio

22 03 2012

Desde comienzos del mes de marzo de 2012, el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte abre al público la Casa del Sol, una nueva sede del Museo Nacional de Escultura (Valladolid) que acoge la colección de otro museo: el de Reproducciones Artísticas.

Se presentan en este espacio una selección de sus mejores obras escultóricas, que serán réplicas centenarias de antigüedades clásicas; un resumen de obras maestras repartidas por todas los museos del mundo: desde Laocoonte al Discóbolo, de los retratos del Fayum a la Máscara de Agamenón.

La exposición permanente servirá para hacerse preguntas sobre nuestros hábitos culturales y aprender los secretos y las paradojas de la relación entre copias y originales. Y servirá también, para hacernos sentir el placer de esa celebración de la vida, del mito y de la belleza humana de las grandes obras del arte helénico, reunidas en un hermoso diálogo.

Anteriormente el Museo Nacional de Reproducciones Artísticas, se situaba en el Casón del Buen Retiro de Madrid, en 1961 se vio obligado a abandonar esta sede, lo que fue el inicio de una trayectoria, marcada por los proyectos fallidos, el deterioro de sus obras y el peregrinar de un edificio a otro, siempre precariamente. Su refugio final fue el almacén del Museo del Traje, donde ha pasado oculta la colección los últimos 10 años.

Durante más de 50 años, la colección ha sido un “no museo”, ya que carecía de sede, proyecto expositivo, y sin cumplir lo que toda colección debería de ser: una accesibilidad social para el disfrute público del patrimonio. Por ello, con esta remodelación, y la inclusión de la colección de reproducciones escultóricas se pone fin a estas condiciones, y el ciudadano podrá acercarse a conocer de primera mano las copias de las grandes obras de la historia de la escultura.

Por ello, el Museo Nacional de Escultura cuenta desde ahora con otro espacio, la Casa del Sol, donde se exponen 270 piezas de las más de tres mil que conforman la colección del Museo de Reproducciones Artísticas, cuyo fondo no tenía sede fija desde hace dos décadas y ha recalado de modo definitivo en Valladolid tras un peregrinaje por varios edificios y que en las últimas décadas recibió acogida en el Casón el Buen Retiro de Madrid.

Esta nueva infraestructura museística, que amplía el discurso expositivo del Museo Nacional de Escultura con réplicas de obras de escultura clásica realizadas en los siglos XIX y XX, se ha abierto ya al público y puede visitarse por el mismo precio que daba derecho a visitar la colección del colegio de San Gregorio y el Belén Napolitano del Palacio de Villena.

Estas nuevas piezas son reproducciones de grandes obras clásicas de la escultura universal que ayudan al experto en cultura a enlazar el sentido escultórico de las obras expuestas en el Museo Nacional de Escultura, dando a entender muchos de los aspectos que han ido heredando unos estilos de otros, como el movimiento, los pliegues, las manos…

Dentro del amplio espacio desarrollado, con una extensa presencia de la luz y la claridad podremos pararnos a observar copias de las piezas escultóricas más relevantes, dispuestas a lo largo de un gran espacio longitudinal, disponiéndose las piezas en dos líneas expositivas, así como en las paredes del espacio, puesto que también dispondrán de relieves. Así mismo y para concluir con el espacio expositivo, al llegar al final de ese eje longitudinal se dispondrán otra serie de obras que ayudarán a concluir esa visión de la escultura y las grandes obras pertenecientes a varias culturas diferentes e independientes.

La composición expositiva permanente se estructura en cinco secciones

I.-  La “invención” de la Antigüedad. En la que observaremos el fervor por lo antiguo iniciado en la época renacentista, y culminado en el siglo XVIII con los descubrimientos de Pompeya, Olimpia y Micenas. Veremos como las obras serán conocidas en todos los lugares, gracias a las copias que de ellas se hicieron.  Dentro de esta sección destacarán esculturas como El Discóbolo, Obras del Partenón, Retratos del Fayum, Pinturas de Pompeya, Máscara de Agamenón

Nos pararemos en una de ellas, la máscara de Agamenón, copia de 1914 en metal repujado de la obra original del s.XVI a.C. que se puede ver en el museo Arqueológico Nacional de Atenas. La Máscara de Agamenón es un objeto arqueológico descubierto en la acrópolis de Micenas en 1876 por el arqueológo prusiano Heinrich Schliemann. Se trata de una máscara funeraria de oro que se encontró colocada encima de la cara de un cuerpo ubicado en la tumba V.  Schliemann pensó que había descubierto el cuerpo del legendario rey griego Agamenón, y por ese motivo la máscara recibió su nombre. Sin embargo, estudios arqueológicos modernos sugieren que la máscara podría datar de entre 1550 y 1500 a. C., lo que la situaría en un tiempo anterior (unos 300 años) al que tradicionalmente se atribuye a la vida de Agamenón. A pesar de ello, ha conservado su nombre.

II.- La belleza desnuda. Que destacará la importancia y el prestigio de la escultura antigua, en la armonía de los cuerpos griegos, así como la creación de un cánon estético convertido en dogma académico. Éstas características se podrán ver en piezas como  El Doríforo, la Venus de Médicis, el Mercurio sentado

 

Así el Doríforo,  vaciado en yeso de 1888 de la copia romana de la obra de Policleto (s. V a.C.), procedente de Pompeya, y que se custodia en el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles. Aunque muchas han sido las copias que han llegado hasta nuestros días, la estatua original griega ni el texto sobre la formalización del cuerpo masculino de Policleto; el Canon; han llegado hasta nuestros días. Resulta imposible conocer las proporciones que usó, ya que los marmolistas romanos engrosaban las piernas en sus copias, para darle mayor estabilidad. Sólo se conserva una frase. “La perfección se alcanza poco a poco mediante cálculos”.  La estatua colocada en la Palestra de Pompeya, pudo servir para recordar a los jóvenes romanos el ideal de belleza helenístico y es posible que se realizaran ritos heroicos en su honor.

III.- Imágenes del furor. Dionisos es un Dios marginal, errante, protector de la vendimia y la fertilidad, de la demencia y el exceso humano. Representa el lado oscuro de la civilización griega, pues recupera la naturaleza animal del hombre y subvierte el orden natural de la polis.

Este impulso irracional será explorado por Nietzsche como símbolo de una moral y estética inconformista. Frente a la serenidad apolínea, Dionisos encarna una nueva relación con la vida, basada en el placer del instante, la inmersión en la experiencia del caos y la libertad frente a las convicciones. Dentro de este espacio destacarán piezas como Fauno durmiente, el Centauro, Menade danzante, Pan y sátiro…

IV.- Sabios y Héroes. Muchos restos antiguos fueron interpretados en clave política y moral, porque ofrecían modelos de vida y lecciones históricas. Recreaban un universo viril de guerreros y atletas, que estaba también teñido de ideales filosóficos, pues el ejercicio de la política implicaba una reflexión sobre el poder, la verdad o el cumplimiento del deber. Este mundo influyó en la educación de las élites y en sus socios eruditos; los sabios decoraban sus bibliotecas con bustos de filósofos y los reyes vivían rodeados de retratos de emperadores romanos, convertidos en antepasados que legitimaban su autoridad y sus conquistas. Las obras que reflejarán esas condiciones en la exposición serán Laocoonte, Galo moribundo, bustos de Séneca, Marco Aurelio, Epicuro, Homero…

Dentro de este apartado podremos detallar el conjunto escultórico de Laocoonte, vaciado en yeso de 1887 de la pieza original del s. I a.C. (?) que se expone en los Museos Vaticanos.  La obra describe la venganza de los dioses contra el sacerdote troyano por intentar disuadir a sus compatriotas de aceptar el caballo de Troya.  El grupo, congelado en el momento supremo de violento y agonía, cuando la espiral de las serpientes se enroscan en sus cuerpos, se convertirá en exemplum doloris. Admirada por noticias indirectas, antes de ser descubierta, su hallazgo en 1506 entusiasmó a toda Roma, que desfiló día y noche ante ella. Fue comprada por el Papa Julio II, que la expuso en el Cortile del Belvedere por su valía artística y su deseo de asociar la Gloria del Papado a la Roma Antigua. Enseguida se hizo famosa a través de copias, parodias y citas, además de lecturas eruditas y filosóficas. Supuso, por así decir, la invención de la idea de “obra maestras”. En el siglo XX se hayó el brazo derecho original, reconstruido imaginariamente en 1532 en la posición extendida que aquí se conserva.

Así también destacará la escultura de Galo moribundo, vaciado en yeso de 1885 de la escultura de la Escuela de Pérgamo (230 – 220 a.C.)  que se puede ver en los Museos Capitolinos de Roma. Esta pieza refleja la visión del artista sobre una soldado que desfallece, desarrollando notas de nobleza; dándose una imagen que  exalta al vencedor por medio de la dignificación del vencido.

Otra de las partes desarrolladas en este espacio, y que pertenece a esta cuarta sección, será una colección de bustos de diversos personajes, reales o imaginarios. Realizados por varios autores, todos hechos con la técnica del vaciado en yeso, oscilando las piezas originales del siglo V a.C.  al  II d.C.  Dentro de este conjunto de bustos se dá la evolución del arte clásico, en un amplio arco temporal. Los mas arcaicos son fragmentos del frontón de un templo de Olimpia. Otros de la Atenas Clásica, son encarnaciones ideales de Dioses u hombres famosos. Un tercer grupo, de época helenística, interesada por sabios y poetas, descubre la interioridad del individuo. Finalmente, el retrato romano de patricios y emperadores, que consolidará un tópico aún vigente: que la identidad de un individuo radica en su rostro.

V.- Enigmas y fragmentos. Nada tan evidente en el redescubrimiento de las estatuas antiguas como que aparecían rotas o eran indescifrables. Cabezas, torsos y miembros anatómicos dispersos eran coleccionados con avidez como reliquias sagradas; y sucesivas generaciones de eruditos y artistas se dedicaron a completar los cuerpos, a integrarlos en un contexto narrativo, a atribuirlos a una personalidad o a buscar la causa de una postura o un gesto. Para esta tarea se sirvieron de la historia, de textos antiguos y de la imaginación, pero también influyeron modas, intereses políticos o circunstancias de cada momento.

La sensibilidad contemporánea renunció a ese comportamiento y prefirió entregarse a la misteriosa fascinación que emana una obra incompleta. El fragmento se convirtió en la quintaesencia del gusto romántico, y después en un principio constitutivo de la experimentación de las Vanguardias. Completarán esta sección piezas de la importancia de:

Ares Borghese, vaciado en yeso de 1884, de la copia romana de la obra de Alcamenes (s. V a.C.), y que se puede ver en el Museo Louvre de París. Suele afirmarse que esta estatua es un réplica romana de un bronce griego del s. IV a.C. , hoy perdido, que estaba en un Santuario en el Ágora ateniense dedicado a  Ares, como lo demostrarían el casco y el anillo que encadenan su pie para impedirle actuar como dios de la guerra. Pero es una de esas frágiles hipótesis de los historiadores que se ha impuesto sin haber sido razonada. Sea un dios o un mortal, este majestuoso y pensativo desnudo expresa el sentido civilizador que entre los griegos tuvo la belleza idealizada del cuerpo humano.

Torso Belvedere, vaciado en yeso de 1889, de la escultura de Apolio del s. I a.C. y que se puede ver en Museos Vaticanos. Esta soberbia pieza heroica, tensa y muscular, es un símbolo del inmenso genio griego para la escultura. Y no a pesar de estar incompleta, sino a causa de ello. Su inicial condición de fragmento permaneció intocable gracias a la admiración que suscitaba en Miguel Ángel, quien declinó la invitación a reconstruirlo en defensa de su teoría del non finito.

Ariadna abandonada, vaciado en yeso de 1882 de la copia romana de obra helenística del II a.C. y cuya original estaría en los Museos Vaticanos. Desde su presentación en 1512, esta pieza ha conocido tres identidades diferentes. Primero fue Cleopatra por la serpiente que rodea su brazo; luego se relacionó con la tradición de la ninfa dormida; y a finales del s. XVIII se observan paralelismos con sarcófagos que representan a Ariadna abandonada en Naxos por Teseo, mientras dormía. Lo más instructivo de esta variación en el reconocimiento no es el logro de una gradual identificación, sino lo que cada generación ha querido ver en ella.

Niño de la Espina (Spinario), vaciado en yeso de 1884 de la escultura de los Museos Capitolinos de Roma s. I a.C. – s. I d.C. (?). La enigmática identidad de este joven dio lugar a varias suposiciones, desde el bello Absalon, el príncipe de la Biblia; como un mensajero detenido para extraerse una espina. Esta pieza es muy reconocida en copiada, por ello muy distribuida entre los palacios aristocráticos europeos, tanto como estatua independiente como pieza de una fuente.

El diseño museográfico pretende resaltar el contraste entre el blanco absoluto de la nave, ese color de la Antigüedad; y el color de la antracita del suelo y de los soportes de las obras. El antiguo altar se ha convertido en un lienzo blanco donde se dispone una  proyección digital, donde el bucle de la copia adquirirá un nuevo protagonismo.

El espacio que ocupa la exposición, la nueva sede creada en el Museo Nacional de Escultura, será La Casa del Sol, construida a mitad del siglo XVI y adquirida por el Conde de Gondomar, personaje importante de la España del Siglo de Oro, diplomático y sobre todo, gran bibliófilo. Originariamente, la iglesia fue una ermita, pero el aristócrata la convierte en su capilla y enterramiento privado, integrada en el conjunto palaciego.  Como se puede observar en la arquitectura expositiva, la iglesia es quien la ocupa, es un espacio diáfano, pintada en blanco, como exigían los puristas del Renacimiento Italiano; disponiendo de una amplia nave abovedad, que tras las intervenciones del siglo XVIII, conserva la esencia de la iglesia clásica, acorde con las obras antiguas expuestas.





CaixaForum Madrid: La Persistencia de la Geometría

20 03 2012

Como fruto fecundo entre las colecciones de la Fundación “La Caixa” y del Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA), el CaixaForum Madrid presenta la segunda de las exposiciones que surgen de esta suma. Teniendo en cuenta las líneas discursivas de ambas colecciones, se traza un recorrido que explora el uso de la geometría en el ámbito de la escultura y la instalación, desde los años sesenta hasta la actualidad.

Las exposiciones de la Fundación ”la Caixa” y el MACBA proponen asociaciones entre obras de diferentes épocas y contextos culturales, en función de aspectos formales y temáticos que conectan con las inquietudes artísticas actuales. Las tres primeras coinciden en el tiempo: ¡Volumen!, inaugurada el pasado mes de noviembre en el Museu d’Art Contemporani de Barcelona; La persistencia de la geometría, en CaixaForum Madrid, y El espejo invertido, que se expone desde finales de enero en el Museo Guggenheim de Bilbao.

“La persistencia de la geometría” invita a realizar este recorrido, que se inicia con el arte minimalista, a partir de una selección de esculturas, instalaciones, fotografías y videoinstalaciones de diferentes artistas modernos. La exposición se divide en ocho ámbitos, algunos de los cuales están ocupados por la instalación de un solo artista y otros presentan conjuntos de obras de distintos autores. En total cuenta con 96 obras de 31 artistas.

La geometría nunca ha dejado de estar presente en el arte, aunque ha sido en el siglo XX cuando más se ha teorizado sobre su uso. En las primeras décadas estuvo íntimamente ligada a los conceptos de abstracción y modernidad, y fue vehículo de idealismos y utopías. A mitad de siglo, las obras que caen bajo las categorías del minimalismo, posminimalismo y arte conceptual comparten la necesidad de reducir la obra a una forma elemental (cubo, círculo, etc.), un sistema matemático (retícula, serialidad) o un gesto repetitivo. La forma se teatraliza y la interacción del espectador abre nuevas formas de relación con la obra de arte. A partir de entonces, los caminos de la geometría se despliegan en diferentes propuestas para adentrarse en el trazado de lo social y su dimensión política.

Comenzaremos la visita accediendo al espacio expositivo, situado en la tercera planta del recinto cultural, partiremos en esta aventura geométrica con el espacio denominado: Metafísica de la geometría. En la que destaca la obra de James Lee Byars.  Será la disposición de tres figuras geométricas distintas: una esfera, un cubo y un paralepípedo, encerradas en vitrinas. La idea que Lee Byars desarrolla, sería la de encerrar las formas primigenias en vitrinas de museo, como si quisiera salvaguardar para la eternidad la imaginación de una pureza absoluta e inmutable, y protegerla de la incapacidad de nuestra cultura para sostener por más tiempo verdades universalmente válidas.

Destaca el acceso al segundo ámbito, denominado Formas esenciales. Donde veremos artistas como Hans Haacke, Donald Judd, Richard Long o James Turrell. La pieza de Richard Long tiene su atractivo en la disposición de varios círculos concéntricos sin ser completos, a partir de pequeñas piedras; componiéndose a gusto del artista en cada una de las exposiciones en la que esta obra participa, ya que el material no está fijado a ningún soporte. La esencia de este segundo ámbito se define a partir de un vocabulario de formas básicas y abstractas, este movimiento evitó simbolismos y silenció la expresión emocional del artista. La escultura prescinde del pedestal y establece una nueva relación con el espectador, que puede contemplarla como un objeto real en un tiempo y en un espacio concreto.

Así mismo, Hans Haacke, y su “Cubo de  condensación” (1963 – 1965), en metacrilato y agua, ya que el artista realiza un cubo en metacrilato y disponiendo en la parte inferior del cubo y sin tocar ésta cara, una plancha del mismo material, disponiendo entre ambas planchas agua. El efecto del calor sobre el agua, aumentado por las paredes; genera esa condensación que se establece por toda la obra. Se trata de un experimento sencillo con un proceso muy lento, cuya observación exige tiempo y atención, y durante el cual la inmutabilidad de la figura geométrica se ve perturbada por la inestabilidad del ambiente interior y exterior del cubo. El deseo del artista era «crear algo indeterminado […] que no pueda predecirse con precisión», que cambie y reaccione al entorno como lo hace un organismo vivo.

El tercero de las disposiciones expositivas será la llamada Geometría en acción. En cuyo espacio contará con artistas como Eleanor Antin, Bruce Nauman, Josep Ponsatí, Carles Pujol, Àngels Ribé, Robert Smithson, Francesc Torres.

Estos artistas han generado figuras que crecen y se desarrollan en el espacio, entendiendo la geometría como algo vivo y en constante transformación. Creando nuevas formas o haciendo visibles las ya existentes, buscan la presencia de la geometría en un entorno fuera del ámbito museístico, y lo hacen a través del cuerpo o de su interacción con el espacio. Lo efímero de sus intervenciones convierte la fotografía o el vídeo en el mejor modo de registrar tanto la experiencia del artista como la obra misma, que al desarrollarse en el tiempo ya no podrá explicarse a partir de la imagen única.

Destacable la pieza de Bruce Nauman, formada por cubos dispuestos en el suelo formando una gran equis y sobre los que se proyecta luz fluorescente amarilla. El contraste es animado por las paredes blancas del espacio que hace crear un espacio definido por la geometría de formas básicas. Black Stones under Yellow Light [Piedras negras bajo luz amarilla] (1987) es una instalación compuesta por cubos de mármol negro pulido que, dispuestos en diagonal, bloquean el espacio y configuran una imponente forma de X.

La continuación de esta visión geométrica seguirá con Dibujando en el espacio, donde nos encontremos con artistas como Armando Andrade Tudela, Waltercio Caldas, León Ferrari, Gego, Mario Merz

Una línea crece y se combina con otras para formar sistemas más complejos: redes, mallas o retículas. En estas obras, la línea se vuelve una unidad básica a partir de la cual pueden crearse nuevas estructuras: desde formas libres que abandonan la exactitud de la geometría pura y evocan la propia naturaleza, hasta sistemas que nos recuerdan la composición de nuestras ciudades. Dibujadas en el aire o sobre el papel, fruto de un crecimiento ordenado o de un desarrollo aleatorio, estas formas han ido invadiendo y organizando el espacio, dando lugar a sistemas equilibrados. De ese modo, lo lleno y lo vacío se combinan en estructuras transparentes y etéreas que han perdido la dureza de su unidad esencial.

 

 

Destaca la obra de Gego, realizada con líneas entrecruzadas formando redes planas y moduladas. Los campos entre las líneas son de base triangular. De este sistema nació la obra Reticulárea, ambientación de mallas y redes, que fue instalada por primera vez en el Museo de Bellas Artes de Caracas.

 

 

 

 

 

Avanzando en la exhibición, el capitulo siguiente será Geometría poética. Ettore Spalletti

Spalletti utiliza formas monocromas y simples, evocadoras de momentos de la historia del arte que han sido su referente. Para él, la abstracción no implica una renuncia a la propia tradición ni al lugar del que proviene, sino la posibilidad de acercarse a los ideales de orden y perfección desde los componentes básicos de la pintura: el color, la forma pura, la luz y la textura;

fruto, en su caso, del uso de pigmentos en polvo. En esta instalación, la armonía de las formas geométricas y la atmósfera creada por el color nos sumergen en un ambiente de ligereza y calma que invita a la contemplación.

 

Otra de las salas individualizadas por esta temática geométrica será, la denominada,  Minimalismos en expansión. Absalon, Sergi Aguilar, Txomin Badiola, Jordi Colomer, José Dávila, Rodney Graham, Pello Irazu, Rachel Whiteread, serán los artistas que coparán esta parte de la exposición  

A través de la utilización de formas geométricas sencillas y repeticiones modulares, estos artistas se apropian de las formas del minimalismo y las dotan de nuevo contenido. La geometría ya no es abstracta. Las obras nos recuerdan objetos que, aun inhabilitados para el uso, rebosan referencias a nuestro mundo. Si bien algunos artistas enfatizan la especulación formal, la mayoría propone un diálogo con el objeto cotidiano que, crítica o irónicamente, explora la manera en que construimos y habitamos nuestros espacios vitales.

Veremos la obra de Jordi Colomer que reutiliza los códigos minimalistas, lo cual no significa una vuelta a los conceptos que los habían originado –el contexto cultural ya era otro–, sino que se convierten en recipiente de nuevos contenidos. En este proceso, la geometría se separó del concepto de abstracción, pues en sus formas se inscribía un contenido figurativo o una intención referencial.

 

Estrategias geométricas. Será otro de los ámbitos expositivos de “la Persistencia de la Geometría”, donde destacará un artista, Damián Ortega

Si las formas geométricas se idearon como abstracciones desligadas de todo tiempo y lugar, ¿cómo interpretarlas cuando aparecen en un contexto tan específico como la periferia de una ciudad? Damián Ortega las desvincula del idealismo y las convierte en protagonistas de una narración. Menciona el origen de Nueve tipos de terreno en la idea de establecer un sistema de clasificación de los diferentes tipos de espacio que podían existir. A partir de la estrategia de Sun Tzu advirtió que el espacio de la batalla no es estable, sino de tránsito: se vuelve fluido. De allí surgió el propósito de examinar los contrastes entre lo natural y lo construido, lo topográfico, lo geométrico y las interacciones de estos factores con la particularidad de un constructo. En síntesis, la idea fue clasificar, separar y enumerar los elementos que configuran un sistema.

 

Para concluir con la visita de la exposición: Intersecciones en la arquitectura. Conformado por los artistas Dan Graham, David Maljković, Gordon Matta-Clark y Matt Mullican. Estos artistas exploran la geometría a través de la arquitectura y del papel que esta desempeña en la organización de los espacios, tanto privados como públicos. Desde ese punto de partida, se acercan de diversas maneras a la idea de frontera: la que separa lo íntimo de lo compartido, la que delimitanuestros movimientos en un espacio organizado o la que, en los sistemas totalitarios, aleja la historia oficial de las historias olvidadas. Así, Gordon Matta- Clark, Dan Graham, Matt Mullican y David Maljković nos muestran, desde distintas perspectivas, que la propia arquitectura y los límites que establece son un reflejo de las relaciones sociales que se dan en un contexto histórico y un espacio determinados.

 

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 La persistencia de la geometría. Obras de las colecciones de la Fundación ”la Caixa” y del MACBA.

Fechas: del 15 de diciembre de 2011 al 25 de marzo de 2012.

Lugar: CaixaForum Madrid (Paseo del Prado, 36).

Organización y producción: Obra Social ”la Caixa”.

Comisariado: Nimfa Bisbe, directora de la Colección de Arte Contemporáneo Fundación ”la Caixa”. Con la colaboración de Bartomeu Marí, director del Museu d’Art Contemporani de Barcelona (MACBA).

 





Presentada la nueva edición de Las Edades: “Monacatus”

12 03 2012

El pasado 2 de marzo de 2012, la Fundación Las Edades del Hombre,  presentó la nueva edición para 2012, de una nueva exposición: MONACATUS, que
tendrá lugar en el Monasterio de San Salvador en Oña (Burgos) en 2012.

 

Tras la suscripción de un convenio fijado el pasado 11 de mayo de 2010, por la Fundación Las Edades del Hombre y la Junta de Castilla y León, se determinó seguir trabajando unidos por la conservación, restauración y difusión del patrimonio de la Comunidad de Castilla y León. Se abrió, de este modo, una nueva etapa con un programa expositivo y formativo cerrado hasta el
próximo 2014.
Tras el éxito determinado en la última edición, realizada en las localidades vallisoletanas de Medina del Campo y Medina de Rioseco, y que acogieron la primera muestra de esta nueva etapa celebrada durante el 2011 bajo el título de Passio, alcanzaron casi medio millón de visitas, ejemplificando ese éxito.
En 2012, será la villa de Oña, situada en el nordeste de la provincia de Burgos, quien acoja la próxima edición. Oña es un conjunto de gran riqueza natural e histórico artística donde el viajero puede descubrir su glorioso
pasado histórico. Un lugar que mantiene una especial tradición con el nacimiento de Castilla.
El título de la decimoséptima edición de las Edades del Hombre es  MONACATUS (término latino que significa “Monacato”).  Indica el tema sobre el que gira la muestra: la vida consagrada en la Iglesia Católica.

MONACATUS se desarrollará en la archidiócesis de Burgos, en el Monasterio de San Salvador en Oña (Burgos).
La iglesia del monasterio, que contiene el panteón de los reyes, infantes y condes de Castilla y de Navarra, junto al claustro y otras dependencias como la sacristía y la antigua sala capitular, avalan desde el siglo XI su antiguo y fecundo esplendor religioso.
De la iglesia monástica se integrarán en el ciclo expositivo la sillería coral (obra de fray Pedro de Valladolid, siglo XV), el panteón condal y real (fines del siglo XV), las pinturas murales dedicadas a la vida de Santa María Egipciaca (siglo XIV), el crucificado románico de Santa Tigridia (fines del siglo XII), primera abadesa del monasterio y la escultura de la misma (siglo XVIII). De la sala capitular algunos de los restos románicos que en ella se conservan. Y de la sacristía diversos objetos de gran interés (aljuba, arquetas, etc). También se destacará la figura de San Íñigo, abad oniense entre 1035 y 1068, que marcó el esplendor benedictino del monasterio y cuyas reliquias se conservan en la iglesia.

 

La elección de Oña como sede de la decimoséptima edición de Las Edades del Hombre se debe a la celebración del milenario de la fundación del Monasterio de San Salvador (1011) por el Conde de Castilla Sancho García, nieto de Fernán González. Dado que el lugar de la muestra es el citado monasterio, y que para su desarrollo se ocupará la iglesia, la sacristía, la sala capitular y el claustro (obra de Simón de Colonia, 1503-1508), se ha decidido tomar como argumento la vida consagrada en la Iglesia Católica.
El tema nunca ha sido abordado de manera global en las anteriores exposiciones, por lo que el relato resultará novedoso para el público. Y mostrará el rico patrimonio religioso-cultural de los monasterios de la Iglesia Católica en Castilla y León, y de manera destacada, de la archidiócesis de Burgos, pero también de territorios limítrofes.

 

La exposición intentará mostrar que la vida consagrada es un carisma de Dios a la Iglesia, para el mundo. Y la novedad expositiva residirá fundamentalmente en la “puesta en escena”, en la que jugará un papel importante la captación del mensaje por medio de los sentidos y de las vivencias en el contexto de la muestra. Integraremos el mundo de la fotografía, manifestación artística que hasta ahora no había tenido cabida en anteriores ediciones.

 





Heroinas

15 05 2011

El Museo ThyssenBornemisza de Madrid y la Fundación Caja Madrid muestran la exposición, Heroínas, un recorrido por la representación de la mujer en el arte occidental, buscando la mujer como un modelo de mujer fuerte, activo, independiente, desafiante, inspirado, creador, dominador, triunfante… muy diferente al de esa mujer  seductora o complaciente, vencida o esclavizada, modelos sumisos y pasivos tradicionalmente asociados a dos estereotipos dominantes y complementarios: la maternidad y el objeto erótico.

Heroínas es también una especie de “ciudad de las mujeres” centrada especialmente en el ciclo de la modernidad, desde el siglo XIX hasta la actualidad, aunque se incluyen algunos ejemplos desde el Renacimiento. Siguiendo un orden no cronológico sino temático, explora los escenarios y las vocaciones de las heroínas: la iconografía de la soledad, el trabajo, la guerra, la magia, la embriaguez, el deporte, la religión, la lectura y la pintura.

Se trata de destacar la influencia de la mujer en el mundo, la sociedad,… destacando que la mujer ha tenido un papel importante en la evolución, y que puede optar a todo. La exposición se establece de manera temática, a partir de conceptos que sincronizan las obras expuestas, estableciéndose varias obras en torno a ese concepto.

Mujeres fuertes: activas, independientes, desafiantes, inspiradas, creadoras, dominadoras, triunfantes. O bien, para usar una palabra clave de la agenda feminista en las últimas décadas: esta exposición se interesa por aquellas imágenes que pueden ser fuentes de “empoderamiento” (empowerment) para las mujeres.’ Así define Guillermo Solana, director artístico del Museo Thyssen-Bornemisza y comisario de la muestra, el concepto de ‘Heroínas’, última colaboración entre la pinacoteca estatal y Fundación Caja Madrid, que abrió ayer sus puertas al público (coincidiendo, de hecho, con el Día Internacional de la Mujer) y que rebate convincentemente aquello del ‘sexo débil’ con obras de grandes pintores de los últimos siglos.

Junto con las obras pintadas por los grandes pintores masculinos, destacan ellas, las grandes pintoras.  Podremos ver obras pintadas por mujeres de todas las épocas, como Lucia y Sofonisba Anguissola, Rosalba Carriera, Mary Cassat, Berthe Morisot, Gabriele Münter o Frida Kahlo, que, uniéndose a la predominancia de mujeres entre la selección de arte contemporáneo, intentan crear una mayor paridad entre los sexos de los creadores de las obras expuestas.

Desde el punto de vista del montaje, la exposición bien podría haberse convertido en un frangollo de imágenes de la mujer, de épocas tan diversas como para resultarnos inconexas y descontextualizadas, sin embargo esto se evita y se consigue realizar un recorrido expositivo refrescantemente innovador y original que consigue el ápex de lo que una exposición puede aspirar: dotar a una obra de nuevas lecturas mediante su asociación con otras obras.

Lo que permite esto es el criterio de selección de las obras. Lejos de organizar el recorrido a través de autores o escuelas, como suelen hacer las exposiciones de arte siguiendo unas ideas académicas que cada vez se cuestionan más, el recorrido se estructura mediante arquetipos femeninos, es decir, mediante distintas maneras de representar a la mujer. Así el recorrido del Museo Thyssen nos presenta una mujer vigorosa, tenaz y fuerte, mientras que Fundación Caja Madrid propone una mirada a la mujer mística, sabia, la figura de la maga o bruja, y dentro de cada sede cada sala se ocupa de arquetipos aún más específicos.

La exposición comienza con una imponente escultura en bronce de más de dos metros de alto titulada ‘Heroína’ de Gaston Lachaise, mujer de caderas anchas y senos augustos, suerte de arquetipo de la mujer más primal, la madre luchadora, impresionante primer golpe de vista que una mirada ibérica no podrá dejar de relacionar con las esculturas celtíberas de la mujer.

Comenzaremos la visita a la exposición por Solas, destacando la soledad como la primera de las condiciones de éstas mujeres. Presentando a la mujer sólo, aunque luchadora y triunfadora como Penélope e Ifigenia. Destaca la obra de Frederick Leighton, Soledad, sobre estas líneas, Ifigenia, de Anselm Feuerbach, realizado en 1871, y una pintura de temática diferente,  Habitación de hotel, obra de Edward Hopper, 1931. Tres mujeres solas. La primera, ensimismada, recogida, lejos del mundo; la segunda, Ifigenia, sacerdotisa de la diosa Diana, hermana de Orestes, deja su mirada vagar por el mar, escapándose así a su destino de ofrenda; y la tercera, una mujer común sola en la ciudad, en una pequeña habitación de hotel, aún cautiva de la carta que acaba de leer.

Pasaremos a Cariátides, otra de las partes de la exposición, dedicado a la mujer trabajadora, a esas mujeres segadoras y espigadoras, aguadoras y lavanderas, mujeres robustas y monumentales que sostienen como cariátides la arquitectura de la familia y de la sociedad. La retórica de estas imágenes tiene un valor ambiguo: por una parte celebran a la mujer trabajadora, pero exaltando al mismo tiempo su servidumbre como un destino natural y eterno. Hijas de la Tierra y atadas a ella para siempre, las campesinas-cariátides son heroínas encadenadas.

Una de las obras que destacan sería La Aguadora de Francisco de Goya, importante porque las aguadoras tuvieron un importante papel durante los sitios de las ciudades en la Guerra de la Independencia, llevando agua fresca y animando a los hombres del frente. Goya ha presentado a esta joven en una postura muy clásica, portando una pequeña cesta en su mano derecha y el cántaro en la izquierda, apoyándolo en la cintura. Vestida popularmente, mira al espectador para implicarnos en su patriótica labor con una sonrisa en el rostro, orgullosa de su actividad. Las telas del vestido apenas están sugeridas, dejando de lado los detalles al aplicar el color de manera rápida y contundente. Un potente foco de luz resbala por la figura, haciéndola más escultórica y atractiva a la vez. Junto

Ménades, será la tercera de los apartados de la exposición,  destacando la figura de la bacante, que aparece en ocasiones en la pintura como un juguete erótico – decorativo, creado para deleite del espectador.

Pero destacan junto a ellas las Ménades, dotadas con poderes capaces de arrancar con sus manos un gran árbol o despedazar un toro o un hombre. Se caracteriza a la mujer por su furia, su fuerza bruta,  destructora de hombres… destacando esta temática durante el siglo XIX, como la obra de Emile Levy, La muerte de Orfeo o Gleyre, y la obra Penteo perseguido por las ménades.

Disponiéndonos en el espacio numero cuatro, nos encontraremos la mujer vista como una Atleta, es decir, como una mujer que se siente activa, que disfruta de su cuerpo y con el que se mueve. Deriva en la figura de Atalanta, que encierra una amenaza potencial contra los roles de género que ha sido desactivada una y otra vez, desde el propio Ovidio hasta las interpretaciones pictóricas del mito. En la pintura victoriana, no obstante, la iconografía de cazadoras y atletas antiguas será rescatada para imaginar la emancipación del cuerpo femenino y el derecho al deporte como precursor en la conquista de otros derechos sociales y políticos.

Surge la figura de la mujer ante los animales, la mujer ante el hombre, surge de nuevo Diana, como mujer. Destacando las pinturas de Peter Paul Rubens con el título Diana cazadora de 1620, y Atalanta e Hipómenes de Guido Reni. Donde se contempla a la mujer con ese poder tan característico.

Para concluir en el Museo Thyssen de Madrid, la última de las salas se dedica a Acorazadas y Amazonas, es decir, la imagen de la mujer guerrera, de gran fortaleza. En primer lugar, las vírgenes guerreras, doncellas acorazadas según el prototipo de Juana de Arco. La armadura permite a la mujer travestirse para ejercer una actividad típicamente masculina, pero al mismo tiempo es una metáfora eficaz de la virginidad. En el arte del final del siglo XIX, en artistas tan diversos como Edgar Degas y Franz von Stuck, las guerreras se despojan de la coraza, regresando a la imagen original de las antiguas amazonas y acercándose, al mismo tiempo, a las reivindicaciones feministas que hacen eclosión en esa época.

Hay sólo un reproche que uno puede, humildemente, hacer a la exposición, y éste es la falta de representación de obras españolas. Es cierto que Goya está representado en la muestra, pero nuestro arte ha dado representaciones de la mujer tan válidas (en cuanto a temática) como las expuestas de otros muchos artistas, pienso por ejemplo en ‘La Sibila’ de Anglada-Camarasa, los lienzos que Sorolla pintara de su mujer e hijas, las esculturas de la mujer de Manolo Hugué, por no hablar de las obras de Pablo Picasso, creador prolífico cuya temática principal fue la mujer. Mi argumento aquí es, por un lado, político, una gran exposición como ‘Heroínas’ invariablemente revaloriza la obra expuesta, mostrar obras españolas revaloriza nuestro patrimonio; y, por otro, cultural, ya que la mirada española hacia la mujer es un fenómeno socio-cultural, condicionado por sus representaciones – desde el arte íbero o las vírgenes de Murillo hasta las revisiones de Goya y los modernistas respecto al tema. Al visitante español, sostengo, una exposición que explore nuestras lecturas de lo femenino y las contextualice y complemente con obras extranjeras, le aportaría más, aprendería más, que una basada en obras y arquetipos extranjeros.

Por otra parte, en ningún momento la muestra pretende ser integral, inclusiva de todas las lecturas de la mujer activa. Y qué duda cabe que la muestra toma ya muchos riesgos mezclando fotografías creadas en 2010 con lienzos de Caravaggio, que salga triunfante es de por sí un gran logro, testimonio de un criterio de selección experto, como lo es también que excite en la mente del visitante nuevas posibilidades y conexiones con otras obras. En este sentido, y en la gran calidad de muchas de sus obras, la muestra sólo merece halagos y recomendaciones. Se podrá visitar hasta el 5 de junio en el Museo Thyssen y Fundación Caja Madrid.

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Museo Thyssen-Bornemisza – Paseo del Prado, 8. 28014 Madrid.

Fechas – Del 8 de marzo al 5 de junio de 2011.

Lugar  – Sala de Exposiciones temporales del Museo Thyssen-Bornemisza. Continúa en la Fundación Caja Madrid.

Horario – De martes de domingo, de 10.00 a 19.00 horas. Desde el 12 de marzo, la exposición temporal en el Museo Thyssen estará abierta los sábados hasta las 11 de la noche. El lunes 2 de mayo también se podrá visitar la exposición. Lunes y domingo 1 de mayo cerrado. El desalojo de las salas de exposición tendrá lugar cinco minutos antes del cierre.

Fundación Caja Madrid – Plaza de San Martín, 1. 28013 Madrid.

Fechas – Del 8 de marzo al 5 de junio de 2011.

Lugar – Sala de exposiciones de la Fundación Caja Madrid. Continúa en el Museo Thyssen-Bornemisza.

Horario – De martes a domingo, de 10.00 a 20.00 horas. El lunes 2 de mayo también se podrá visitar la exposición. Lunes y domingo 1 de mayo cerrado





Jean – Léon Gérôme (1824 – 1904)

11 05 2011

El Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid muestra la retrospectiva sobre el artista Jean-Léon Gérôme (1824-1904), resultado de un proyecto conjunto entre el J. Paul Getty Museum, el Musée d’Orsay y el propio Thyssen que supone la primera gran exposición monográfica dedicada al pintor y escultor francés desde la celebrada hace 30 años en Estados Unidos, y que se fundamenta en los estudios en profundidad y catalogaciones que sobre la obra del artista ha venido realizando la historiografía más reciente.

La exposición que recala en Madrid es una versión reducida de la gran retrospectiva presentada en Los Ángeles y París a lo largo de 2010, pudiéndose contemplar en el Thyssen-Bornemisza una selección de 55 de sus obras más emblemáticas. Los óleos y esculturas que se presentan permiten conocer todos los puntos claves de este creador de imágenes y así profundizar en su concepción teatralizada de la pintura de historia, en el realismo y el gusto por el detalle de sus trabajos de tema oriental, así como del uso de la policromía en su producción escultórica.

Jean-Léon Gérôme (1824-1904) fue uno de los pintores franceses más famosos de su época. A lo largo de su larga carrera provocó numerosas polémicas y recibió acerbas críticas, sobre todo por defender las convenciones de la pintura académica, que languidecía ante los ataques de realistas e impresionistas. Pero en realidad Gérôme no fue tanto un seguidor de esa tradición cuanto un creador de mundos pictóricos totalmente nuevos, basados a menudo en una singular iconografía en la que primaban los temas eruditos. Pintar la historia, pintar historias, pintarlo todo, tal fue su gran pasión. Al público le intrigaba de sus cuadros la constante interacción de valores y géneros, que se fundían en una estética de efecto collage. Su capacidad para crear imágenes, para ofrecer una ilusión de realidad mediante artificios y subterfugios, se pone de manifiesto en unas obras que tienen un acabado perfecto pero no son perfectas.

Nada ortodoxo como pintor académico, así pues, Gérôme sabía representar la historia como un espectáculo dramático y convertir al espectador, mediante imágenes muy convincentes, en un testigo presencial de hechos acaecidos en todas las épocas, desde la Antigüedad clásica hasta su propio tiempo. Los cuadros de Gérôme tuvieron una notable difusión gracias a los grabados y a las reproducciones fotográficas que desde 1859 se realizaron por encargo del marchante y editor Adolphe Goupil, quien luego sería además su suegro. Gérôme elige cuidadosamente los temas con la intención de crear imágenes que fácilmente se convierten en iconos visuales de la cultura popular.

Gérôme, pintor academicista pero muy poco ortodoxo, supo de este modo transformar la historia en espectáculo, de la Antigüedad al mundo que fue su contemporáneo, y situar, mediante imágenes particularmente eficientes, al espectador como testigo ocular.

Esta exposición muestra la obra de Gérôme bajo todos sus aspectos, pintor, dibujante y escultor, desde el comienzo de su carrera por los años 1840, hasta los verdaderamente últimos, y subraya la relación singular que mantuvo con la fotografía. No pretende una rehabilitación del artista, ya llevada a cabo en los años 1970-1980 mediante los trabajos pioneros del profesor Gerald Ackerman, sino destacar la paradójica modernidad de aquel que fue durante mucho tiempo considerado como reaccionario.

Creador de “imágenes”, su arte ha nutrido este arte de la “ilusión de lo verdadero”, de creación artificial de mundos exactos, como lo es el cine, y un gran número de sus obras, difundidas mediante el grabado y la fotografía, se han convertido en motivos icónicos de la cultura visual popular.

Esta exposición, la primera monográfica que se le dedica en España, permite conocer los aspectos más destacados de su obra pictórica y escultórica desde sus inicios en los años cuarenta hasta su producción más tardía.

Capítulo 1 – Los años de formación

A petición de su marchante y editor, Adolphe Goupil -que más adelante se convertiría en su suegro-, desde 1859 Gérome empezó a utilizar reproducciones fotográficas y estampas para divulgar sus trabajos y supo adaptar su obra a la política editorial llevada a cabo por Goupil, combinando hábilmente los temas anecdóticos que garantizaban su éxito popular con una composición pensada para su adaptación al formato más reducido del grabado o del revelado fotográfico. Aún con los reproches por parte de la crítica artística del momento, Gérôme logra crear así imágenes impactantes que marcan la memoria del espectador.

De perfecta factura, con una absoluta precisión del dibujo y maestría en el uso de los pigmentos, a pesar de la apariencia academicista en sus temas y composiciones, su obra mantiene con la modernidad una relación más compleja de lo que parece y es en este aspecto donde los  análisis historiográficos más recientes se han centrado para la revaloración de su figura y de su arte. Convivían en él simultáneamente la ambición romántica de  reproducir  los  temas  de  la  Antigüedad  clásica,  de  Oriente  o de la historia de Francia, con el impulso racionalista de dar una información veraz, imponiendo incluso ese fin a la exigencia de que la escena fuera inteligible o infringiendo las reglas académicas. En este sentido, destaca el modo  en que utiliza la imagen fotográfica para la elaboración de figuras, escenas o paisajes, su afán por ofrecer algo genuino y preciso, basándose rigurosamente en las investigaciones científicas y arqueológicas de su época, su novedosa concepción de la escenografía, adelantándose en el tiempo e inspirando directamente escenas de las grandes producciones cinematográficas de temática histórica, sobre todo las basadas en la Roma clásica de realizadores como Cecil B. DeMille o Mervyn LeRoy, entre otros muchos. Sin duda, la gran difusión de la obra  de  Gérôme  en  Estados  Unidos  tuvo  una  gran incidencia en esta fuente de inspiración para el gran cine de Hollywood. Esta doble identidad de su obra, a la vez científica y popular, es lo que la hace tan valiosa hoy en día para los historiadores del arte y el público en general.

Un joven Gérôme de apenas dieciséis años entra en el taller de Paul Delaroche, donde rápidamente asimila el estilo académico del maestro. Al mismo tiempo estudia y absorbe las claves de Jean-Auguste-Dominique Ingres cuya factura cuidadosa es incorporada por Gérôme a sus primeros retratos. Una estancia de un año en Italia acerca al curioso pintor francés a las antigüedades romanas y a la arqueología, abriéndole un nuevo mundo al que va a dar vida con su pintura.

Capítulo 2 – El momento neogriego

Jean-Léon Gérôme (1824-1904) ingresa a los dieciséis años de edad en el taller de Paul Delaroche,  un estudio muy popular y frecuentado por muchos jóvenes artistas, entre ellos el fotógrafo Gustave Le Gray al que le unirá desde entonces una gran amistad. El joven Gérôme se sitúa también muy pronto bajo la influencia directa de Jean-Dominique Ingres quien, junto a Delaroche, fueron los grandes defensores de la tradición academicista en la que se enmarca el arte de Gérôme en esta primera etapa de su carera, en la que cultiva tanto el género de la pintura histórica como el retrato. Con el cuadro Pelea de gallos que presenta en el Salón de 1847, logra un gran éxito,  se  revela  como  un  nuevo  talento  para  el  público, empieza a recibir sus primeros encargos oficiales y es proclamado jefe de filas de una nueva escuela, los neogriegos. El interés por la  Antigüedad, renovado por un deseo de plasmar la veracidad arqueológica, se convierte en pretexto para representaciones costumbristas, agradables y sentimentales, que ponen en escena una Antigüedad humanizada e intimista, casi trivial, y con un estilo a veces arcaizante.

Con La pelea de gallos Gérôme se presenta en el Salón oficial de 1847 y recibe una medalla de tercera clase; comienza entonces una carrera de éxitos profesionales y gran reconocimiento social. La obra recoge las características de la escuela llamada Neogriega, integrada por varios discípulos de Delaroche y Gleyre, de la que Gérôme será cabeza. Este grupo, también conocido como Los Pompeyistas, conserva la grande manière en las figuras y decorados clásicos pero abandona las escenas históricas, bíblicas o mitológicas para inclinarse por composiciones de género de la Antigüedad de una forma colorista, delicada y sensual.

Capítulo 3 – Siempre Oriente

Gérôme realiza varias expediciones a Egipto y Oriente Próximo atraído por lo romántico y literario del mundo árabe. Las visiones de esos escenarios enriquecen su repertorio de temas hasta la saciedad. En esta sección se pueden disfrutar sus interiores de mezquitas, mercados y baños, bailarinas y guerreros otomanos. La meticulosa atención que pone en las arquitecturas, vestimentas y tipos hacen de estas composiciones teatrales auténticos documentos etnográficos que acercan una cultura exótica y sugerente para el público occidental. Para alcanzar ese realismo y veracidad en los detalles de su escenografía, Gérôme se va a servir de la fotografía y cuenta con el asesoramiento del escultor Auguste Bartholdi y de su cuñado Albert Goupil.


Gérôme abandona pronto el estilo neo-griego pero su interés por representar algo verídico se extenderá a lo largo de toda su producción. El realismo de la anécdota y el afán por el detalle serán dos de las características principales de su arte, tanto en sus pinturas de temática oriental como en los grandes temas de historia; en los dos casos se evidencia también la misma preocupación por la teatralización. Ya sean escenas de carácter costumbrista, paisajes o personajes, en este grupo de obras el artista muestra una profunda fidelidad en la reconstrucción de los lugares y ambientes, así como un interés en la representación de lo pintoresco en arquitecturas o en indumentarias exóticas. El asunto representado ya no es el Oriente imaginado de la generación anterior; perfectamente documentada, su obra orientalista se nutre de los bocetos realizados durante sus numerosos viajes por Oriente Próximo, sobre todo a Egipto y Asia Menor, así como de las fotografías tomadas in situ por sus compañeros de viaje.


Capítulo 4 – Gérôme pintor de historia

El núcleo central de la exposición lo constituye una magnífica representación de su pintura de historia, incluyendo los grandes  temas que centraron su atención: la Roma antigua, las escenas napoleónicas y las del reinado de Luis XIV. En todos ellos la originalidad de Gérôme reside en el rechazo al “gran tema” y al papel edificador tradicionalmente asociado a este tipo de obras.

Prefiere representar en sus cuadros de historia no el momento culminante de un hecho histórico sino la anécdota, y lo hace escogiendo para inmortalizar en sus lienzos la escena inmediatamente anterior o posterior; de esta forma les confiere también un carácter marcadamente narrativo, enfatizado por el  sentido  teatral  de  la  composición  y  una  concepción  de  la  escena  prácticamente cinematográfica. Sus eruditas representaciones de la civilización romana y el culto por el detalle arqueológicamente exacto han servido de referencia para realizaciones cinematográficas del género: óleos como  La muerte de César (1867) o  Pollice Verso (1872) muestran escenas con un paralelismo evidente en cintas emblemáticas como Quo Vadis de Mervyn LeRoy (1951) o Ben-Hur de William Wyler (1959).

La Antigüedad, el siglo XVII francés y la época napoleónica constituyeron sus periodos históricos predilectos. La pintura de historia en Gérôme pierde el “heroicismo”, la enseñanza moral del gran tema, para centrarse en la anécdota. Conviven en sus pinturas la ambición romántica de anudar una estrecha relación con el teatro y el espectáculo y el impulso racionalista de dar una información exacta, verificada por las investigaciones científicas de su época. En esta sala Consummatum est y La muerte de César son ejemplos notables de algo muy habitual en Gérôme: el centrarse en el momento inmediatamente posterior al desenlace de la acción narrada.

Capitulo 5 – El artista en su taller

Gérôme se interesa desde muy pronto por la escultura pero no se consagra a ella hasta 1878 con la pieza Los gladiadores, inspirada en el grupo central de una de sus obras emblemáticas, Pollice Verso (1872). Apoyándose en los descubrimientos arqueológicos del momento concibe sus esculturas para ser policromadas: las figuras parecen así cobrar vida. Gérôme disfruta convirtiéndose en un moderno Pigmalión. En los años ochenta y noventa el propio taller del artista es tema recurrente en sus creaciones: son muchas las referencias cruzadas entre la obra pictórica y la escultórica.

Fantasías y El artista en el taller. Escultura policromada 

La carrera de Gérôme como escultor comienza en 1878, en el marco de la Exposición Universal. Considerado en ese momento por la crítica como el modelo del academicismo, el artista sin embargo no duda en defender lo contrario del dogma en cuanto al uso de la policromía en la escultura moderna -expresada en su cuadro-manifiesto  Sculpturae vitam insufflat pictura-, y se sitúa en el centro de los debates de la época. Siguiendo el ejemplo de la Antigüedad clásica, Gérôme da color a sus obras en mármol, con una técnica que mezcla cera y pigmentos.

El afán por el detalle y por la verdad arqueológica alcanza en su obra escultórica y pictórica  de esos años el ilusionismo y el trampantojo llevados casi hasta la obsesión. Una de sus esculturas pintadas más famosas,  Tanagra (1890), nos muestra también su gusto por la “auto-cita”, en un juego de espejos entre la obra esculpida y la obra pintada. Al final de su vida, la representación del escultor trabajando en su taller se convertirá en tema recurrente de numerosos trabajos, muchos de ellos autorretratos

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Información al visitante

Museo Thyssen-Bornemisza; en Paseo del Prado, 8. 28014 Madrid.

Fechas.- Del 15 de febrero al 22 de mayo de 2011.

Lugar.-  Sótano primero, Palacio de Villahermosa.

Horario.- De martes de domingo, de 10.00 a 19.00 h. Desde el 12 de marzo, la exposición temporal estará abierta los sábados hasta las 11 de la noche. El lunes 2 de mayo también se podrá visitar la exposición. Las taquillas cierran a las 18.30 horas. Lunes y domingo 1 de mayo cerrado. El desalojo de las salas de exposición tendrá lugar cinco minutos antes del cierre.

Transporte.- 

Metro: Banco de España.

Autobuses: 1, 2, 5, 9, 10, 14, 15, 20, 27, 34, 37, 45, 51, 52, 53, 74, 146 y 150.

Tren: Estaciones de Atocha, Sol y Recoletos.

Servicio de atención al visitante.- Teléfono: 902 760 511

Tienda librería.- Planta baja.

Catálogo de la exposición disponible.

Cafetería-Restaurante.- Planta baja.

Servicio de audio-guía.- Disponible en castellano, inglés y francés.

Tarifas.-

-Exposición: 7,00 €

-Reducida: 4,5 €

-Exposición y Colección Permanente: 12,00 €

-Reducida: 7,00 €

Reducida

Para estudiantes, mayores de 65 años, profesores de Bellas Artes y grupos familiares integrados por al menos un adulto y tres descendientes (o dos, si uno de ellos tiene alguna discapacidad) incluidos en el mismo título de familia numerosa.

Entrada gratuita

Menores de 12 años y ciudadanos en situación legal de desempleo, previa acreditación.





La abstracción geométrica en Latinoamérica (1934 – 1973)

9 05 2011

Después de la muestra dedicada a Tarsila do Amaral y Brasil, en 2009; y de la primera retrospectiva dedicada en nuestro país al venezolano Carlos Cruz – Díez, la Fundación March realiza la tercera de las exposiciones dirigidos al arte moderno y contemporáneo en América Latina.  El objetivo de la muestra será diseccionar la historia y el arte durante parte del siglo XX, de la abstracción geométrica en Latinoamérica, mostrando la renovación y el carácter diferenciador de sus invenciones y construcciones, respecto a la abstracción geométrica europea. Todo ello nos dará una serie de artistas, influenciados de lo creado en Europa durante esos años; así como el uso del sustrato y la tradición Latinoamericana. Destacando artistas, que realizan un abstracción geométrica, procedentes de Uruguay, Argentina, Brasil, Venezuela, Cuba,..

El material expuesto, tanto pinturas, esculturas, documentación,… procede de museos y colecciones privadas de Europa y América. Realizándose un gran esfuerzo para cubrir las necesidades que esta exposición dispone, ya que se presenta una evolución trazada a partir de la abstracción geométrica establecida desde América, pasando por Europa y concluyendo en parte, con el caso de España. De ahí el echo de reunir un elevado numero de obras de diferentes artistas, relacionadas todo por el modo de hacer y el planteamiento en esta parte del siglo XX.

Detrás de esta muestra está el mayor esfuerzo realizado nunca por reunir las piezas más selectas de museos y colecciones privadas de Europa, Estados Unidos y Latinoamérica con el fin de ofrecer al público europeo la primera panorámica —si no exhaustiva, sí completa e históricamente rigurosa— de las corrientes abstractas americanas. La exposición es un proyecto de la Fundación Juan March, que ha contado con Osbel Suárez como comisario invitado, y en el que han participado algunos de los más reputados artistas y conocedores del arte en Latinoamérica —como Ferreira Gullar, César Paternosto, Luis Pérez Oramas, Gabriel Pérez Barreiro, María Amalia García o Michael Nungesser, entre otros.

La exposición refleja una Latinoamérica diversa del estereotipo habitual: frente a la tópica y apresurada identificación de ésta con la temperatura extrema de la espontaneidad y lo nativo con el Trópico y el Caribe, la obra de estos artistas es índice de una América “fría”, objetiva, geométrica y racional, de la que resulta una abstracción fascinante y sorprendente.

El catálogo que acompaña a la exposición, profusamente ilustrado y documentado, hace extensivo ese panorama a los interesados en el arte de un continente aún muy desconocido para el gran público

Hasta ahora la abstracción geométrica en Latinoamérica ha sido reflejada en secciones de exposiciones generales sobre el arte latinoamericano o se ha tratado en excelentes proyectos pero limitados a magníficas colecciones privadas y en museos e instituciones del norte y sur de ese continente. Además, esas muestras se han ocupado fundamentalmente del fenómeno de la abstracción geométrica sólo en Uruguay, Argentina, Brasil y Venezuela. América fría. La abstracción geométrica en Latinoamérica (1934–1973) pretende un análisis específico y plural de la abstracción en la América Latina, incorporando al proyecto el discurso abstracto de Cuba así como reflejos de los de Colombia y México.

Acompañan a las casi 300 piezas, de un total de 64 artistas, algunas obras de aquellos cultivadores europeos de la abstracción, de la geometría y de las aplicaciones funcionales y arquitectónicas de ambas —Josef Albers, Alexander Calder, Victor Vasarely, Max Bill y Ludwig Mies van der Rohe— que viajaron por los países aquí representados e influyeron con su arte y su magisterio en aquellos artistas, algunos de los cuales vivirían en Europa —la mayor parte de ellos en París— a partir de los años 50.

La exposición remite principalmente a una Latinoamérica diversa del estereotipo habitual: frente a la tópica y apresurada identificación con la temperatura extrema de la espontaneidad y lo nativo, el trópico y el Caribe, las obras de los artistas seleccionados son —con las evidentes características que las generaciones, las intenciones y las diferentes circunstancias imprimen en cada artista, cada movimiento y cada país— índices de una América cuya temperatura fue la de la objetividad: constructiva, esencial, geométrica; una América que se movió entre lo racional y lo “sensível”, pero más cercana a las utopías modernas que al color local; una América de la que resulta en todos los casos una abstracción fascinante y sorprendente.

Las obras en exposición, unas 300 piezas, entre obras y documentos (algunas de ellas nunca vistas fuera de sus países de origen), de más de 60 artistas de los países citados, proceden de museos y colecciones privadas de Europa, Estados Unidos y Latinoamérica, en el mayor esfuerzo realizado nunca por reunir las piezas más selectas de las más relevantes colecciones al servicio de una visión panorámica de las corrientes abstractas americanas.

Desde sus inicios ha animado este proyecto la idea de ofrecer al público europeo la primera panorámica –si no exhaustiva, sí completa e históricamente rigurosa– de esas corrientes. Este es un objetivo tan ambicioso como necesario: hasta ahora, en efecto, el tratamiento expositivo de la abstracción geométrica en Latinoamérica ha constituido secciones de exposiciones generales sobre el arte en Latinoamérica o, en otros casos, generado excelentes proyectos, aunque limitados a alguna de las magníficas colecciones privadas existentes; estas muestras han tenido lugar sobre todo en museos e instituciones del norte y el sur de América y, además, se han ocupado fundamentalmente del fenómeno de la abstracción geométrica en suelo continental, limitándose a los casos ejemplares, pero no únicos, de Uruguay, Argentina, Brasil y Venezuela.

La exposición realiza un recorrido sobre lo realizado en estos casi 50 años, en los cuales destaca además del uso de la composición geométrica, el uso de los colores y la mezcla de materiales. Destaca incluso, el uso en ciertas obras del uso de capas superpuestas para modificar la visión de la obra.

Con la exposición se pretende que el público español cambie el concepto que tiene sobre la pintura latinoamericana, seguramente si pides a alguien que describa esta corriente artística hará referencia a la naturalidad y a la espontaneidad del arte nativo del Trópico y del Caribe. Pero esto no es lo que encontramos en la muestra, sino que veremos una corriente objetiva, geométrica y racional.

La exposición incluye obras realizadas entre 1934 y 1973, un arco temporal definido por dos viajes de retorno de Europa a América, el de 1934 cuando Joaquín Torres-García regresa a Montevideo y el de 1973 cuando Jesús Rafael Soto regresa a Ciudad Bolívar para la inauguración del museo de su ciudad

Fundación Juan March –   La abstracción geométrica en Latinoamérica (1934 – 1973)

Castelló, 77. Madrid

Horario
Lunes a sábado:
11.00 a 20.00 hs.

Domingos y festivos:
10.00 a 14.00 hs.

Visitas guiadas gratuitas
¡NUEVOS HORARIOS Y UN DÍA MÁS!
Miércoles:
11.30 – 13.00 hs
Jueves:
17.00 – 18.30 hs
Viernes:
17.00 – 18.30 hs.

Las visitas guiadas entre semana a cargo del equipo de educadores de la Fundación comenzarán cada 30 minutos, cada una para un máximo de 20 personas, por orden de llegada.

Visitas de Grupos
Lunes a viernes :
11.00 – 19.00 hs., excepto en horario de visitas guiadas

Las visitas de grupos con guía propia deben reservarse con antelación en el teléfono 91 435 42 40 (ext. 296)
Los grupos no excederán las 20 personas

Visitas para centros educativos
Lunes:
de 11.00 a 13.30 hs.

La Fundación Juan March ofrece visitas guiadas gratuitas para centros educativos, que deben reservarse con antelación en el teléfono 91 435 42 40 (ext. 296)

Existe la posibilidad de concertar visitas guiadas en inglés con el equipo de educadores de la Fundación, que deben reservarse con antelación en el teléfono 91 435 42 40 (ext. 296)