El tapiz de Bayeux: La propaganda traducida al bordado (Anónimo, post. a 1066)

8 02 2013

Este tapiz anónimo, se cuelga en la catedral de Bayeux en 1077, anunciando el cambio en la historia de Europa: narra la victoria de Guillermo el Conquistador sobre los ingleses en la batalla de Hastings en 1066, por lo que la obra es posterior a ésta fecha. Actualmente se encuentra en el Centre Guillaume le Conquérant, Bayeux.

portada

Los eclesiásticos reunidos en el año 1025, en el concilio de la ciudad francesa de Arrás, decidieron adornar las iglesias con decoraciones de un nuevo género: paños con representaciones de personajes y acontecimientos históricos para contribuir a ampliar los conocimientos de los números fieles que no sabían leer. El tapiz de Bayeux es el ejemplo más célebre de este tipo de enseñanza medieval y su valor es único, tanto a nivel histórico como artístico.

El tapiz consta de varias piezas de tela unidas entre sí, midiendo 50 centímetros de alto por 70 metros de largo. Falta la parte final y podemos suponer que originariamente abarcaba algunos metros más. El lino está bordado con hebras de lana en varios colores, desconociéndose quien hizo los dibujos, así como quien ejecutó los bordados, pero seguramente fueran monjas. Lo único claro que se conoce es que se mostró  por primera vez el 14 de julio de 1077 en la nueva catedral de Bayeux, pequeña ciudad de  Normandia.

tapiz bayeux

La cuidad es representada en el tapiz, en el detalle superior que constituye una estilización simbólica centrada en dos rasgos esenciales: la colina, la mayoría de las ciudades medievales de la época se levantaban en un alto para facilitar la defensa; y un gran edificio, una iglesia o castillo.  Así mismo, dos cenefas bordadas se extienden a lo largo del tapiz, enmarcando la narración. Aparecen llenas de animales simbólicos sin ninguna relación directa con la situación representada. Solo de vez en cuando se encuentran excepciones como en las escenas de batallas, en las que se pueden ver cadáveres desnudos y mutilados en la cenefa inferior.

Pese a la gran esquematización, el tapiz ofrece un gran número de detalles documentales: la forma de los escudos, las espuelas de los jinetes o los fustes de las sillas de montar. Estos fustes servían  para sujetar al jinete durante el combate, pero también podían herirle. Guillermo, al caerse del caballo, se clavó el plomo de la silla y murió consecuencia de la herida. Pero esto no ocurrirá hasta 1087.

Guillermo  es uno de los dos protagonistas y todos los hechos se relatan desde su punto de vista. En 1066, siendo duque de Normandía, atravesó el canal de la Mancha y venció a su adversario inglés en la batalla de Hastings. Se hizo coronar rey de Inglaterra y entró en la historia con el nombre de Guillermo el Conquistador. La conquista de Inglaterra y su justificación es el tema exclusivo del tapiz. Colgado en la catedral de Bayeux, sería como una especie de libro blanco de la política y, al mismo tiempo, como edificación religiosa y moral.

Guillermo bayeux

Guillermo, duque de los normandos, aparece sentado a la derecha de la colina de Bayeux; como símbolo de su poder lleva la espada en alto. El segundo protagonista del tapiz se encuentra entre los dos relicarios; se trata del duque inglés Haroldo. En 1063 encalló en las costas francesas, donde fue hecho prisionero. Guillermo había pagado su rescate y le había ofrecido su hija en matrimonio.  Haroldo aparece aquí jurando fidelidad a su nuevo señor, para lo cual coloca las manos sobre los relicarios.

El juramento era algo muy importante, no solo en esta narración, sino en toda la vida social de la época. Los hombres no eran ciudadanos de un estado, sino súbditos de un señor. La sociedad feudal se puede representar de forma simplificada como una pirámide: el campesino obtenía su tierra de un caballero o un barón, éste obtenía su dominio de un conde, donado generalmente como feudo; el conde, a su vez, había recibido el condado como feudo donado por un duque y éste tenía su territorio del rey.  Para que el monarca pudiera defender al país de los enemigos exteriores, necesitaba de la ayuda militar y económica de los señores feudales, que recurrían a las obligaciones de sus súbditos. A excepción de algunos casos, los contratos de vasallaje en tiempos de Guillermo no se fijaban por escrito, ni se firmaban ni sellaban, sino que el compromiso se hacía por juramento.

tapiz bayeux completo

El tapiz por tanto muestra tan sólo la parte principal de la ceremonia, el juramento sobre los dos relicarios. A través de este acto, la Iglesia adquiría la función de guardiana.  Cuando Haroldo rompió el juramento y ascendió al trono de Inglaterra en enero de 1066, Guillermo le acusó ante el Papa, que excomulgo a Haroldo por perjurio y puso a disposición de Guillermo un estandarte para que acompañara a las tropas normandas. Así fue como la campaña se convirtió casi en una guerra santa.

Así pues  Guillermo construyo una flota para pasar a Inglaterra con sus guerreros. El tapiz muestra las espadas y un hacha que se transportan a bordo; en el carro se ven 20 lanzas en hilera. Los cascos se han colocado sobre los postes del carro, detrás del cual se ve a tres hombres que llevan cotas de malla, la protección habitual de la época. Estaban hechas con pequeñas anillas metálicas y llegaban hasta los codos y las rodillas. En cuanto a víveres, se llevaba ante todo vino: los bordados del tapiz muestran un barril grande y uno pequeño, así como un odre de cuero que lleva una de las figuras al hombre.

Tras el desembarco de Guillermo en Dover, al sur de Inglaterra, Haroldo aposto a sus agotados soldados en una colina, mandó cavar fosas para detener a la caballería normanda y espero el ataque. Los normandos se lanzaron al ataque varias veces pero se ven impotentes ante los ingleses apiñados formando un autentico muro. En primera línea fracasan ante los soldados capaces incluso de derribar a los caballos.

Tras el primer ataque, y viendo Guillermo que no conseguía nada, decide emplear un ardid: simula batirse en retirada para hacer salir a los ingleses de su posición. Estos abandonan su formación y se convierten en enemigo fácil para los normandos. Dos hermanos de Haroldo, importantes cabecillas, mueren durante la batalla. Uno de ellos había suplicado anteriormente a Haroldo que no participara en la lucha y le dejara en manos de sus hermanos, pues Haroldo había prestado juramento a Guillermo, voluntariamente o no, y no debía cometer perjurio.

Sala Tapiz de Bayeux

“Muere el rey Haroldo” aparece en el detalle de la izquierda, una flecha ha penetrado en el ojo del soberano. El tapiz muestra como Haroldo quiere sacarse la flecha, pero un caballero normando se acerca y acaba con el herido. Según una crónica, Guillermo expulso después al caballero por matar a un enemigo indefenso en contra de las reglas de caballería.

Y como la historia siempre la escriben los vencedores, los normandos decidieron documentar la conquista de Inglaterra con el Tapiz de Bayeux. Colocado en la iglesia del obispo que habría de convertirse en un hombre poderoso en Inglaterra, servía de justificación y propaganda. Si la calidad y la importancia de la obra resultan extraordinarias, también resulta sorprendente que haya conseguido superar 900 años de pruebas: la guerra de los Cien Años entre Francia e Inglaterra, las numerosas destrucciones de la catedral, las luchas entre calvinistas y católicos y, finalmente, la Revolución de 1789.

El tapiz serviría de instrumento propagandístico dos veces más: cuando Napoleón intento conquistar Inglaterra a comienzos del siglo XIX, mando traer el tapiz en 1803 y lo tuvo en París durante medio año a fin de acrecentar el entusiasmo general del pueblo. Y cuando Adolf Hitler proyecto la invasión en 1940, apareció en Alemania un libro sobre el tapiz, titulado “Una estocada contra Inglaterra”. Sin embargo, solo Guillermo consiguió vencer al reino de la isla.

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Jean – Léon Gérôme (1824 – 1904)

11 05 2011

El Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid muestra la retrospectiva sobre el artista Jean-Léon Gérôme (1824-1904), resultado de un proyecto conjunto entre el J. Paul Getty Museum, el Musée d’Orsay y el propio Thyssen que supone la primera gran exposición monográfica dedicada al pintor y escultor francés desde la celebrada hace 30 años en Estados Unidos, y que se fundamenta en los estudios en profundidad y catalogaciones que sobre la obra del artista ha venido realizando la historiografía más reciente.

La exposición que recala en Madrid es una versión reducida de la gran retrospectiva presentada en Los Ángeles y París a lo largo de 2010, pudiéndose contemplar en el Thyssen-Bornemisza una selección de 55 de sus obras más emblemáticas. Los óleos y esculturas que se presentan permiten conocer todos los puntos claves de este creador de imágenes y así profundizar en su concepción teatralizada de la pintura de historia, en el realismo y el gusto por el detalle de sus trabajos de tema oriental, así como del uso de la policromía en su producción escultórica.

Jean-Léon Gérôme (1824-1904) fue uno de los pintores franceses más famosos de su época. A lo largo de su larga carrera provocó numerosas polémicas y recibió acerbas críticas, sobre todo por defender las convenciones de la pintura académica, que languidecía ante los ataques de realistas e impresionistas. Pero en realidad Gérôme no fue tanto un seguidor de esa tradición cuanto un creador de mundos pictóricos totalmente nuevos, basados a menudo en una singular iconografía en la que primaban los temas eruditos. Pintar la historia, pintar historias, pintarlo todo, tal fue su gran pasión. Al público le intrigaba de sus cuadros la constante interacción de valores y géneros, que se fundían en una estética de efecto collage. Su capacidad para crear imágenes, para ofrecer una ilusión de realidad mediante artificios y subterfugios, se pone de manifiesto en unas obras que tienen un acabado perfecto pero no son perfectas.

Nada ortodoxo como pintor académico, así pues, Gérôme sabía representar la historia como un espectáculo dramático y convertir al espectador, mediante imágenes muy convincentes, en un testigo presencial de hechos acaecidos en todas las épocas, desde la Antigüedad clásica hasta su propio tiempo. Los cuadros de Gérôme tuvieron una notable difusión gracias a los grabados y a las reproducciones fotográficas que desde 1859 se realizaron por encargo del marchante y editor Adolphe Goupil, quien luego sería además su suegro. Gérôme elige cuidadosamente los temas con la intención de crear imágenes que fácilmente se convierten en iconos visuales de la cultura popular.

Gérôme, pintor academicista pero muy poco ortodoxo, supo de este modo transformar la historia en espectáculo, de la Antigüedad al mundo que fue su contemporáneo, y situar, mediante imágenes particularmente eficientes, al espectador como testigo ocular.

Esta exposición muestra la obra de Gérôme bajo todos sus aspectos, pintor, dibujante y escultor, desde el comienzo de su carrera por los años 1840, hasta los verdaderamente últimos, y subraya la relación singular que mantuvo con la fotografía. No pretende una rehabilitación del artista, ya llevada a cabo en los años 1970-1980 mediante los trabajos pioneros del profesor Gerald Ackerman, sino destacar la paradójica modernidad de aquel que fue durante mucho tiempo considerado como reaccionario.

Creador de “imágenes”, su arte ha nutrido este arte de la “ilusión de lo verdadero”, de creación artificial de mundos exactos, como lo es el cine, y un gran número de sus obras, difundidas mediante el grabado y la fotografía, se han convertido en motivos icónicos de la cultura visual popular.

Esta exposición, la primera monográfica que se le dedica en España, permite conocer los aspectos más destacados de su obra pictórica y escultórica desde sus inicios en los años cuarenta hasta su producción más tardía.

Capítulo 1 – Los años de formación

A petición de su marchante y editor, Adolphe Goupil -que más adelante se convertiría en su suegro-, desde 1859 Gérome empezó a utilizar reproducciones fotográficas y estampas para divulgar sus trabajos y supo adaptar su obra a la política editorial llevada a cabo por Goupil, combinando hábilmente los temas anecdóticos que garantizaban su éxito popular con una composición pensada para su adaptación al formato más reducido del grabado o del revelado fotográfico. Aún con los reproches por parte de la crítica artística del momento, Gérôme logra crear así imágenes impactantes que marcan la memoria del espectador.

De perfecta factura, con una absoluta precisión del dibujo y maestría en el uso de los pigmentos, a pesar de la apariencia academicista en sus temas y composiciones, su obra mantiene con la modernidad una relación más compleja de lo que parece y es en este aspecto donde los  análisis historiográficos más recientes se han centrado para la revaloración de su figura y de su arte. Convivían en él simultáneamente la ambición romántica de  reproducir  los  temas  de  la  Antigüedad  clásica,  de  Oriente  o de la historia de Francia, con el impulso racionalista de dar una información veraz, imponiendo incluso ese fin a la exigencia de que la escena fuera inteligible o infringiendo las reglas académicas. En este sentido, destaca el modo  en que utiliza la imagen fotográfica para la elaboración de figuras, escenas o paisajes, su afán por ofrecer algo genuino y preciso, basándose rigurosamente en las investigaciones científicas y arqueológicas de su época, su novedosa concepción de la escenografía, adelantándose en el tiempo e inspirando directamente escenas de las grandes producciones cinematográficas de temática histórica, sobre todo las basadas en la Roma clásica de realizadores como Cecil B. DeMille o Mervyn LeRoy, entre otros muchos. Sin duda, la gran difusión de la obra  de  Gérôme  en  Estados  Unidos  tuvo  una  gran incidencia en esta fuente de inspiración para el gran cine de Hollywood. Esta doble identidad de su obra, a la vez científica y popular, es lo que la hace tan valiosa hoy en día para los historiadores del arte y el público en general.

Un joven Gérôme de apenas dieciséis años entra en el taller de Paul Delaroche, donde rápidamente asimila el estilo académico del maestro. Al mismo tiempo estudia y absorbe las claves de Jean-Auguste-Dominique Ingres cuya factura cuidadosa es incorporada por Gérôme a sus primeros retratos. Una estancia de un año en Italia acerca al curioso pintor francés a las antigüedades romanas y a la arqueología, abriéndole un nuevo mundo al que va a dar vida con su pintura.

Capítulo 2 – El momento neogriego

Jean-Léon Gérôme (1824-1904) ingresa a los dieciséis años de edad en el taller de Paul Delaroche,  un estudio muy popular y frecuentado por muchos jóvenes artistas, entre ellos el fotógrafo Gustave Le Gray al que le unirá desde entonces una gran amistad. El joven Gérôme se sitúa también muy pronto bajo la influencia directa de Jean-Dominique Ingres quien, junto a Delaroche, fueron los grandes defensores de la tradición academicista en la que se enmarca el arte de Gérôme en esta primera etapa de su carera, en la que cultiva tanto el género de la pintura histórica como el retrato. Con el cuadro Pelea de gallos que presenta en el Salón de 1847, logra un gran éxito,  se  revela  como  un  nuevo  talento  para  el  público, empieza a recibir sus primeros encargos oficiales y es proclamado jefe de filas de una nueva escuela, los neogriegos. El interés por la  Antigüedad, renovado por un deseo de plasmar la veracidad arqueológica, se convierte en pretexto para representaciones costumbristas, agradables y sentimentales, que ponen en escena una Antigüedad humanizada e intimista, casi trivial, y con un estilo a veces arcaizante.

Con La pelea de gallos Gérôme se presenta en el Salón oficial de 1847 y recibe una medalla de tercera clase; comienza entonces una carrera de éxitos profesionales y gran reconocimiento social. La obra recoge las características de la escuela llamada Neogriega, integrada por varios discípulos de Delaroche y Gleyre, de la que Gérôme será cabeza. Este grupo, también conocido como Los Pompeyistas, conserva la grande manière en las figuras y decorados clásicos pero abandona las escenas históricas, bíblicas o mitológicas para inclinarse por composiciones de género de la Antigüedad de una forma colorista, delicada y sensual.

Capítulo 3 – Siempre Oriente

Gérôme realiza varias expediciones a Egipto y Oriente Próximo atraído por lo romántico y literario del mundo árabe. Las visiones de esos escenarios enriquecen su repertorio de temas hasta la saciedad. En esta sección se pueden disfrutar sus interiores de mezquitas, mercados y baños, bailarinas y guerreros otomanos. La meticulosa atención que pone en las arquitecturas, vestimentas y tipos hacen de estas composiciones teatrales auténticos documentos etnográficos que acercan una cultura exótica y sugerente para el público occidental. Para alcanzar ese realismo y veracidad en los detalles de su escenografía, Gérôme se va a servir de la fotografía y cuenta con el asesoramiento del escultor Auguste Bartholdi y de su cuñado Albert Goupil.


Gérôme abandona pronto el estilo neo-griego pero su interés por representar algo verídico se extenderá a lo largo de toda su producción. El realismo de la anécdota y el afán por el detalle serán dos de las características principales de su arte, tanto en sus pinturas de temática oriental como en los grandes temas de historia; en los dos casos se evidencia también la misma preocupación por la teatralización. Ya sean escenas de carácter costumbrista, paisajes o personajes, en este grupo de obras el artista muestra una profunda fidelidad en la reconstrucción de los lugares y ambientes, así como un interés en la representación de lo pintoresco en arquitecturas o en indumentarias exóticas. El asunto representado ya no es el Oriente imaginado de la generación anterior; perfectamente documentada, su obra orientalista se nutre de los bocetos realizados durante sus numerosos viajes por Oriente Próximo, sobre todo a Egipto y Asia Menor, así como de las fotografías tomadas in situ por sus compañeros de viaje.


Capítulo 4 – Gérôme pintor de historia

El núcleo central de la exposición lo constituye una magnífica representación de su pintura de historia, incluyendo los grandes  temas que centraron su atención: la Roma antigua, las escenas napoleónicas y las del reinado de Luis XIV. En todos ellos la originalidad de Gérôme reside en el rechazo al “gran tema” y al papel edificador tradicionalmente asociado a este tipo de obras.

Prefiere representar en sus cuadros de historia no el momento culminante de un hecho histórico sino la anécdota, y lo hace escogiendo para inmortalizar en sus lienzos la escena inmediatamente anterior o posterior; de esta forma les confiere también un carácter marcadamente narrativo, enfatizado por el  sentido  teatral  de  la  composición  y  una  concepción  de  la  escena  prácticamente cinematográfica. Sus eruditas representaciones de la civilización romana y el culto por el detalle arqueológicamente exacto han servido de referencia para realizaciones cinematográficas del género: óleos como  La muerte de César (1867) o  Pollice Verso (1872) muestran escenas con un paralelismo evidente en cintas emblemáticas como Quo Vadis de Mervyn LeRoy (1951) o Ben-Hur de William Wyler (1959).

La Antigüedad, el siglo XVII francés y la época napoleónica constituyeron sus periodos históricos predilectos. La pintura de historia en Gérôme pierde el “heroicismo”, la enseñanza moral del gran tema, para centrarse en la anécdota. Conviven en sus pinturas la ambición romántica de anudar una estrecha relación con el teatro y el espectáculo y el impulso racionalista de dar una información exacta, verificada por las investigaciones científicas de su época. En esta sala Consummatum est y La muerte de César son ejemplos notables de algo muy habitual en Gérôme: el centrarse en el momento inmediatamente posterior al desenlace de la acción narrada.

Capitulo 5 – El artista en su taller

Gérôme se interesa desde muy pronto por la escultura pero no se consagra a ella hasta 1878 con la pieza Los gladiadores, inspirada en el grupo central de una de sus obras emblemáticas, Pollice Verso (1872). Apoyándose en los descubrimientos arqueológicos del momento concibe sus esculturas para ser policromadas: las figuras parecen así cobrar vida. Gérôme disfruta convirtiéndose en un moderno Pigmalión. En los años ochenta y noventa el propio taller del artista es tema recurrente en sus creaciones: son muchas las referencias cruzadas entre la obra pictórica y la escultórica.

Fantasías y El artista en el taller. Escultura policromada 

La carrera de Gérôme como escultor comienza en 1878, en el marco de la Exposición Universal. Considerado en ese momento por la crítica como el modelo del academicismo, el artista sin embargo no duda en defender lo contrario del dogma en cuanto al uso de la policromía en la escultura moderna -expresada en su cuadro-manifiesto  Sculpturae vitam insufflat pictura-, y se sitúa en el centro de los debates de la época. Siguiendo el ejemplo de la Antigüedad clásica, Gérôme da color a sus obras en mármol, con una técnica que mezcla cera y pigmentos.

El afán por el detalle y por la verdad arqueológica alcanza en su obra escultórica y pictórica  de esos años el ilusionismo y el trampantojo llevados casi hasta la obsesión. Una de sus esculturas pintadas más famosas,  Tanagra (1890), nos muestra también su gusto por la “auto-cita”, en un juego de espejos entre la obra esculpida y la obra pintada. Al final de su vida, la representación del escultor trabajando en su taller se convertirá en tema recurrente de numerosos trabajos, muchos de ellos autorretratos

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Información al visitante

Museo Thyssen-Bornemisza; en Paseo del Prado, 8. 28014 Madrid.

Fechas.- Del 15 de febrero al 22 de mayo de 2011.

Lugar.-  Sótano primero, Palacio de Villahermosa.

Horario.- De martes de domingo, de 10.00 a 19.00 h. Desde el 12 de marzo, la exposición temporal estará abierta los sábados hasta las 11 de la noche. El lunes 2 de mayo también se podrá visitar la exposición. Las taquillas cierran a las 18.30 horas. Lunes y domingo 1 de mayo cerrado. El desalojo de las salas de exposición tendrá lugar cinco minutos antes del cierre.

Transporte.- 

Metro: Banco de España.

Autobuses: 1, 2, 5, 9, 10, 14, 15, 20, 27, 34, 37, 45, 51, 52, 53, 74, 146 y 150.

Tren: Estaciones de Atocha, Sol y Recoletos.

Servicio de atención al visitante.- Teléfono: 902 760 511

Tienda librería.- Planta baja.

Catálogo de la exposición disponible.

Cafetería-Restaurante.- Planta baja.

Servicio de audio-guía.- Disponible en castellano, inglés y francés.

Tarifas.-

-Exposición: 7,00 €

-Reducida: 4,5 €

-Exposición y Colección Permanente: 12,00 €

-Reducida: 7,00 €

Reducida

Para estudiantes, mayores de 65 años, profesores de Bellas Artes y grupos familiares integrados por al menos un adulto y tres descendientes (o dos, si uno de ellos tiene alguna discapacidad) incluidos en el mismo título de familia numerosa.

Entrada gratuita

Menores de 12 años y ciudadanos en situación legal de desempleo, previa acreditación.