Passio – Las Edades del Hombre – Medina del Campo

11 07 2011

Como ya tratamos en artículos anteriores durante 2011, la Fundación Las Edades del Hombre vuelve a realizar una exposición para cumplir el objetivo marcado desde 1988, la de catequetizar a partir del patrimonio religioso de Castilla y león. En esta ocasión el tema tratado es la Pasión de Cristo. Dividida en dos sedes, la localidad de Medina del Campo acoge en su Iglesia de Santiago el Real una exposición en la cual se desarrolla el tema de la Pasión a partir de cinco capítulos, inspirados en textos bíblicos y en la vivencia de los católicos, en las liturgias sacramentales y en las manifestaciones piadosas populares.

La sede medinense es la iglesia del desaparecido convento jesuita de San Pablo y San Pedro, construido a partir de 1553 según el proyecto de fray Bartolomé de Bustamante. Acogerá una colección de casi un centenar de obras de carácter diverso cuyo hilo conductor será la Pasión de Cristo desde una perspectiva temática.

Tras el acceso, los capítulos estarán divididos según la planta de la iglesia, además del uso de la sacristía. Respecto a exposiciones anteriores tratadas por la Fundación, la novedad resalta por la inclusión de obras de artistas contemporáneos ya sean de Castilla y León, o con una relación con la comunidad autónoma. Por ello al acceder al interior de Santiago el Real veremos distribuidos varias piezas que representan el primer capítulo de ésta exposición denominada ECCE HOMO, cuyas piezas tratan el tema de Adán y Eva, y el arrepentimiento que posteriormente tuvieron.

El vocablo hebreo “Adán” significa “hombre”, representa al hombre viejo, responsable del drama que rompió la armonía original del Paraíso. Cristo es el nuevo Adán, el hombre nuevo. El autor de la nueva creación. Siendo Dios, se hizo hombre.

Ecce Homo, He aquí el Hombre. El misterio de la vida humana ya puede ser esclarecido a la luz del misterio de Cristo, el hombre nuevo.

Por ello comenzando hacia nuestra derecha se disponen una tabla procedente de la ermita de Nuestra Señora de Retuerta (Burgos) que representa el tema de Adán y Eva, de estilo hispano flamenco, datada a finales del siglo XV. Cuyo eje de la composición sería el árbol del Paraíso. A su lado se dispone Eva, desnuda y portando la manzana del pecado que dirige hacia el pecho, para poder cubrir su desnudez y su vergüenza. Junto a Eva está la serpiente, representación del mal tentador, estipulado de manera antropomorfa ya que tiene la cabeza humana. Nos representa el tema del Pecado Original, introduciendo novedades en la composición; ya que Adán se dispone en segundo plano ante Eva y la serpiente, así la composición de las figuras evidencian un intento de contraposto.

Posteriormente Cristo abrazado a la cruz, tema que en contraposición al anterior simboliza el triunfo de Cristo sobre la muerte, ya que la simbología cambia respecto a otros Cristos, ya que está abrazando la cruz, no la carga; por ello está ésta erguida y no inclina, y aparece semidesnudo y no vestido como en representación de Cristo camino al Calvario. Éste óleo sobre tabla, pertenece  a la Iglesia de San Juan Bautista de Almendra (Zamora) y fue realizada en el primer cuarto del siglo  XVII.

El Árbol de la Vida. Francisco Campos Lozano. 2001. Óleo sobre tabla. Colección particular. Madrid

En relación con las dos obras anteriores destaca El Árbol de la Vida, de Francisco Campos Lozano. Obra contemporánea y perteneciente a una colección particular; pertenece a un proyecto compuesto por 156 obras y varios textos sobre los Comentarios al Apocalipsis del Beato de Liébana, que durante más de 10 años el autor estuvo tratando. La obra trata de representar ese momento culmen de la pasión de Cristo, la Resurrección. Transformando el árbol seco en el que fue martirizado en un frondoso árbol dador de vida. La obra es de gran contenido simbólico y teológico, resuelto a partir de un cierto expresionismo contenido, a partir de un gran colorido y con una visión plana del espacio.

En el centro del compendio expositivo de la sala Ecce Homo, se disponen dos obras de gran tamaño; pasando de la pintura a la escultura de gran tamaño. Destacando la figura de Adán, una de ella representa Adán después del Pecado, de Eduardo Barrón, realizada en 1885 muestra una gran influencia de los maestros del Renacimiento, en primer lugar por el uso del bronce, y posteriormente por la disposición del cuerpo, relacionándolo con obras de Donatello o Miguel Ángel. Además parece influido por Rodin, en la disposición de la postura de arrepentimiento al acercarse de ésta manera la mano a la cabeza, asemejándolo con el pensador.

Adán después del pecado. Eduardo Barrón. 1885. Bronce. Colección Caja España. Zamora

Junto a ella, en mármol de Carrara, se dispone una pieza de tres toneladas que representa El Adán Arrepentido, de Florentino Trapero, de 1966 – 1967, dispuesta habitualmente en exterior en la localidad segoviana de Aguilafuente, en la plaza de Santa Cruz. Representa a Adán agachado, con la cabeza caída, ocultando su rostro a partir de los cabellos y doblando el brazo para crear un espacio interior; evocando el simbolismo modernista. Recuerda la obra de Josep Llimona, Desconsol (1903), así como reminiscencias de Rodin.

Como conclusión a ésta primera parte destaca en el interior de una de las capillas laterales del templo la figura del Cristo del Perdón, de Luis Salvador Carmona, de 1756. Obra realizada en madera policromada, y que cierra esa relación de todas las obras citadas hasta el momento, y otras que aparecen en este primer capitulo. Ya que se presenta a Cristo como vencedor del pecado a través de su sacrificio, apoyando la escultura sobre un globo terráqueo, en el que se pintan escenas alusivas a los pecados de la humanidad, y mostrando los estigmas de las mano y el costado mientras dirige su mirada implorante hacia el cielo. Escultura de gran calidad, que se verifica en el quebrado meticuloso del paño de pureza o la minuciosidad de los detalles de los avatares que Cristo sufrió. La policromía de la escultura ensalza ese tratamiento escultórico, logrando un gran naturalismo.

El segundo capítulo, denominado AGNUS DEI, hace referencia a la expresión de Juan Bautista, cuando señaló a Jesús diciendo: “Este es el cordero de Dios, que quita el pecado del mundo…”  Cristo es el buen pastor que da la vida por las ovejas.

En cuya parte central se disponen tres esculturas de gran valor, como son Ecce Homo de Alejo de Vahia, de hacia 1505, y procedente de la Iglesia de San Pedro de Gatón de Campos, Valladolid.  El tema del Ecce Homo procede el evangelio de San Juan (19, 4 – 7), y durante el siglo XV es poco tratado en escultura, aunque esta pieza es una magnífica excepción. Por ello podemos indicar una falta leve de técnica, ya que no guarda las proporciones, una de las piernas es mas larga que la otra, visible a partir de la altura de las rodillas, ya que el escultor querría buscar movimiento con esta disposición del cuerpo, pero le falta algo para conseguirlo. El resto de rasgos claramente se relacionan con Alejo de Vahía, como esos ojos almendrados, la talla y disposición de los cabellos, así como el tratamiento del paño de pureza.

Junto a ésta, la escultura en madera policromada de Alonso Berruguete, Ecce Homo, de hacia 1525 y que procede del Convento de Jesús y María, Valladolid. La atribución al artista parte de comparación con otras obras del gran escultor de Paredes de Nava, así como de fuentes documentales.  La figura se realiza bajo la tipología de busto, destacando esos ojos rasgados y muy rehundidos, nariz alta y afilada, boca entreabierta y un rictus de dolor que proporciona una expresión de profunda tristeza. Destaca la musculatura desarrollada en el cuerpo, así como la posición de los brazos al cruzar las manos, con las venas marcadas y los dedos alargados y huesudos. Así mismo destaca la policromía del manto, con motivos vegetales estofados, característicos del segundo cuarto del siglo XVI.

Ecce Homo. Juan de Juni. 1540-1545. Madera policromada. Museo Diocesano y Catedralicio. Valladolid.

Para finalizar con esa parte central de la exposición, se incluye otro busto, de igual tema, Ecce Homo, pero realizado por el escultor Juan de Juni; procedente del Museo Diocesano y Catedralicio de Valladolid. El artista desarrolla una simbiosis perfecta de su formación francesa y de los nuevos modelos del renacimiento italiano. Destacando la plasticidad de los abultados y animados mechones de la cabellera y de la barca, influenciándose por el Laocoonte, hallado en Roma en 1506. Así mismo la inclinación de la cabeza y la melancolía de la resignada expresión mantienen una fuerte influencia con las imágenes del Varón de Dolores de la escultura francesa de la primera mitad del siglo XVI.

Al ver la pieza, por su formato y majestuosidad, la figura evoca los retratos de los emperadores romanos, pero su crecida barba, apuntada y bífida, se relaciona con la iconografía cristiana. Se presenta un busto más desarrollado debido a que hace funciones de relicario, mostrándose los hombros totalmente, así como el inicio de los brazos. Destaca así mismo la policromía, que refleja los efectos de los golpes sufridos por Cristo, las heridas y los regueros de sangre.

Además destaca en una de las capillas laterales el tema de Cristo atado a la columna a partir de dos obras. La primera de ellas, realizada en madera policromada por Diego de Siloé. Ésta obra es de pequeño formato y es posible que sirviera de modelo para la escultura de tamaño natural que se encuentra en la Catedral de Burgos. La imagen se desarrolla a partir de una base de lajas, empleadas por el artista de manera habitual; desarrollando una figura dotada de movimiento. El rostro con la boca entreabierta y los ojos afilados, presentan signos evidentes del dolor, quedando enmarcado por una larga cabellera que cae en guedejas, mostrando una barba dividida en dos, características de Siloe. El paño de pureza permanece muy pegado a las caderas, presentando la técnica de paños mojados. Usa la columna alta, con policromía que imita jaspes, modelo usado en los siglos XV y XVI. El canon usado en esa figura, se establece a partir de una aproximación del canon de nueve cabezas. Destaca el naturalismo empleado a partir de la policromía, realizando encarnaciones en la que resaltan los regueros de sangre de los latigazos y de la corona de espinas.

Cristo atado a la columna. Domingo Beltrán de Otazu. 1563-1565. Escultura en madera policromada. Iglesia parroquial de Santiago el Real. Medina del Campo (Valladolid).

La otra pieza, con el mismo tema, será un oleo sobre tabla atribuido a Juan de Juanes, de hacia 1535. Con la figura dispuesta de la misma manera que la anterior, a partir de la posición de los dos brazos ante la columna alta, cuyos colores reflejan una columna que imita el jaspe, siendo los tonos usados similares en ambas obras. En ésta, Cristo se separa de la columna, en una postura de contraposto, disponiéndose sobre un fondo oscuro, sobre el que destaca la figura representa de Cristo atado a la columna. Destaca el tratamiento anatómico de la figura de Cristo, así como el estudio de los pliegues del paño de pureza; además del tratamiento de la luz, haciendo emerger la figura de un fondo oscuro que lo separa del entorno.

Como advertimos al inicio, se introducen obras de artistas contemporáneos, destacando en esta sala dos pinturas de Antonio Saura, de 1966, que tratan el tema de la Crucifixión. Tratando de representar el sufrimiento del hombre, y  no el de Cristo, a partir del empleo del dibujo y una gama de grises, negros y blancos; de grandes trazos, como un dibujo caligráfico, cercano a la escritura

Así mismo, la obra de Delhy Tejero, Madres de la Guerra, nos hace ver la relación del tema religioso y el profano, a partir del dolor sufrido durante la Guerra Civil Española.  Disponiéndose los mismo sentimientos y sufrimientos que la Virgen tuvo en el momento de la crucifixión de su hijo, y esos hijos que fueron al frente a luchar por sus ideales.

El tercero de los capítulos desarrollados será FONS ET CULMEN. En la Última Cena, Jesús anticipa lo que ocurrirá a posteriori para la salvación de los hombres; estableciéndose el sacramento de la Eucaristía, y  relacionándolo con el banquete sagrado de la comunión eucarística: pan de vida eterna y cáliz de eterna salvación.

Cristo de la Sangre. Mateo Cerezo el Joven (?). 1664-1665. Óleo sobre lienzo. Museo de Burgos - Sección de Bellas Artes. Nº Inv. 3.930.

Se desarrolla la idea de Cristo como pan y vino, símbolos de la salvación del hombre. Por ello se dispone un bodegón con pan y vino, de Enrique Seco San Esteban; así como dos pinturas que destacan la importancia de la sangre derramada por Cristo durante su Pasión. En primer lugar, el Cristo de la Sangre, atribuido a Mateo Cerezo el Joven, de hacia 1664 – 1665 y procedente del Convento de los PP. Carmelitas de Burgos. Representándose a Cristo crucificado, ocupando la mayor parte del espacio pictórico, destacando sobre una atmósfera nubosa; y acompañado por tres querubines que recogen la sangre derramada de sus heridas. Destaca la  calidad anatómica de Cristo, de canon alargado, similares a Velázquez, Alonso Cano o Van Dyck. Teniendo una suave contra curva en el cuerpo y una ligera flexión de sus piernas, que ofrecen una imagen ideal, en contraposición del realismo de la gravidez corporal. El tema es representativo de la estética contrarreformista del Barroco; ensalzando la esperanza para los hombres que se comienza con el sacrificio de Cristo; ofreciéndose un nuevo camino espiritual, a través del sacramento de la Eucaristía.

El lagar místico. Anónimo. Siglo XVII. Óleo sobre lienzo. Monasterio de la Purísima. MM. Agustinas Recoletas. Salamanca.

De trascendencia similar destaca El lagar místico, de autoría anónima, perteneciente al siglo XVII. Destacable por la iconografía, en la que se representa a Cristo en un lagar, en el cual se unen las vides y la sangre derramada por sus heridas. Se representa a Cristo vestido únicamente con el paño de pureza, de pié sobre un lagar. Aparece rodeado por un rebaño de ovejas, que hace referencia a la simbología de los hombres.

Dentro de éste capítulo se exponen elementos eucarísticos como cálices, patenas, hostiarios, arquetas eucarísticas, misales y casullas; destacando la Custodia Procesional de Jose Luis Alonso Coomonte, de 1960, y establecida en los fondos del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Pieza realizada en hierro forjado, con un viril dorado, con engarces de cuarzo y canto rodado en su peana; presenta una custodia procesional de gran tamaño, según la visión establecida en el siglo XX.  La custodia está estructurada a partir de barras de hierro de sección cuadrada y que toma como punto de partida la cruz latina. Este modulo se multiplica de tal manera que el resultado final adopta la forma de una iglesia con planta de doble cruz latina, en cuyo centro se aloja el viril, como si flotara, en hierro dorado. El volumen se consigue a partir de la red de cruces, que se acerca a la idea de hipercubo. Trata con modernidad un elemento religioso, debido al dominio de la forja por parte del autor, extrayendo las posibilidades estéticas del hierro; utilizando recursos naturales, como la disposición de un canto rodado de gran tamaño como peana de la custodia.

Así mismo, dentro de éstos elementos de liturgia, veremos un Sagrario realizado por el taller leonés, atribuido al de Bautista Vázquez, de hacia 1570 – 80, en madera dorada y policromada, de Vega de Doña Olimpa (Palencia). Elemento muy importante, debido a la suma importancia del culto eucarístico durante la época de la contrarreforma, reservándose el Sacramento en los Sagrarios. La pieza de la que tratamos, tiene planta semicircular, asemejándose a una arquitectura de dos plantas con balaustrada corrida. El cuerpo principal se flanquea por pares de columnas corintias con pilastras cajeadas. En la decoración, se muestra un completo programa pasionista, que trata de explicar la nueva alianza rubricada por el sacrificio de Cristo, remitiendo a la creación de este sacramento en la representación de la Ultima Cena. La iconografía representada hace referencia al Calvario y el Descendimiento, que se completan con las esculturas de pequeño tamaño del Ecce Homo, San Pedro y San Pablo. Al abrirse las puertas abatibles del sagrario, se dispone un decorado tríptico interior con las escenas de la Oración en el Huerto, la Santa Cena, el Prendimiento y el Espíritu Santo. En la parte central se dispone un espacio para albergar el copón. Pieza de diseño efectista y funcional, para reservar y exponer.

Pasando al Capitulo IV, DULCE LIGNUM, veremos que en la cruz se nos descubre el amor ilimitado de Dios por los hombres, identificándonos posteriormente como cristianos con dicho símbolo.

Cristo crucificado. Gregorio Fernández. Primer cuarto del siglo XVII. Madera policromada. Iglesia parroquial de San Pedro Apóstol. Zaratán (Valladolid).

Destaca en este espacio, un Calvario realizado completamente por el mismo artista, pero cuyas piezas no se establecieron para estar junta, ya que la procedencia varía. Se establece la figura de Cristo Crucificado, de Gregorio Fernández, perteneciente a San Pedro Apóstol de Zaratán, Valladolid; del primer cuarto del siglo XVII; y las imágenes de Virgen dolorosa y San Juan, de Gregorio Fernández, procedentes de San Andrés Apóstol, Valladolid, de hacia 1606 – 1607. En la primera de ella, el Crucificado, de extraordinaria calidad, con un cuerpo esbelto, formando en la cruz un ángulo cerrado. La cabeza soporta corona de espinas natural, la cual, junto con los ojos de cristal, las pestañas de pelo natural, las lágrimas de resina y las llagas simuladas con telas de lino, expresan el deseo del artista de acercar a la realidad el asunto representado, buscando obtener el convencimiento del espectador. Con un paño de pureza muy movido, realizándose con dobleces muy angulosos, que se anuda en la cadera izquierda. Consideremos la policromía, como otro echo indudable en la calidad de la pieza, que hace que el realismo aumente, debido a esa carnación mate que aplica el artista, desarrollando una mayor verosimilitud por los regueros de sangre que manan de las heridas.

Las otras dos piezas que conforman el Calvario serán la Virgen Dolorosa y San Juan, como se establece en la iconografía estos tres personajes aparecen establecidos en diferentes Calvarios. Ambas figuras, pertenecen a una etapa temprana del escultor, estando dotadas de contenida expresividad, con unos pliegues amplios en las vestimentas. Así mismo, las posturas de las imágenes hacen de esa teatralidad barroca un hecho; la Virgen mira hacia abajo, como resignada ante la muerte de su hijo, entrecruzando los brazos. San Juan se dispone al contrario, mirando directamente el rostro de su maestro, en actitud teatral, con gesto patético. Ambas figuras llevan adornados sus vestidos con policromía, imitando ricos brocados.

Cruz de aplique. Anónimo. Finales del siglo XII. Cobre dorado, grabado y esmaltado. Museo del Retablo-Iglesia de San Esteban. Burgos.

Estableciéndose en una vitrina alargada, y junto al retablo mayor de la Iglesia de Santiago el Real, destacan varias piezas de orfebrería, destacando una Cruz de aplique, de finales del siglo XII, procedente de la Iglesia de Terrazas, y establecida en el Museo del Retablo, en la Iglesia de San Esteban, Burgos. Cruz de pequeño tamaño, pertenece al gran legado de cruces medievales conservadas en Castilla y León. Realizada en cobre dorado, con grabados y esmaltados en la cara de anverso, a partir de la técnica del champlevé; mientras que la superficie posterior es lisa. Se representa a Cristo crucificado, a partir de un tratamiento muy arcaizante; en una cruz con un tondo, que une los brazos de ésta.  Desarrollándose la decoración a partir de una ordenada distribución de los colores. Se representa en la parte superior, la Dextera Dei, así como el anagrama IHS, en azul; así como el nimbo crucífero de Cristo. La imagen del mismo se establece en relieve respecto a la cruz, estando dorado, a excepción del paño de pureza que será azul. Es una figura de cuatro clavos, pero desaparece la frontalidad de las representaciones anteriores; el cuerpo se arquea y busca movimiento; aunque los pectorales y las costillas siguen un tratamiento esquemático.

Tras verificar la calidad de la orfebrería dispuesta en el patrimonio de Castilla y León, aparece un oleo sobre lienzo que representa el tema de la Virgen dolorosa, atribuida a Alonso Cano, establecida en el Convento de Nuestra Señora de Gracia, Ávila. La imagen de la Virgen emerge del fondo oscuro, representada con edad juvenil, vestida con túnica morada, de la que solo se percibe la manga del brazo derecho, y un manto azul que cubre la cabeza, sobre una toca blanca. Representada con un dolor contenido, en actitud de oración y reflexión, muestra el recogimiento a partir de la mirada de ojos entronados y las manos entrecruzas, aceptando la muerte de su Hijo.

Virgen Dolorosa. Alonso Cano (atrib.). Hacia 1640-1643. Óleo sobre lienzo. Convento de Nuestra Señora de Gracia. MM. Agustinas. Ávila.

En este capítulo, en el centro de la composición expositiva, destaca una pieza por su singularidad y su tamaño, será la Corona, perteneciente a José Luis Alonso Coomonte, realizada en 1999, y perteneciente a la Hermandad de Jesús en su Tercera caída, Zamora. Escultura de grandes dimensiones, representa la corona de espinas, símbolo del martirio de Cristo. Realizada en hierro, con un tratamiento de perfiles y ángulos hirientes; transmitiéndonos que ésta corona es la corona de espinas de la Pasión de Cristo, pero de grandes proporciones.

El último de los capítulos, y quinto de ellos hace referencia al VIA CRUCIS. En cuya estancia establecida en la sacristía de la iglesia, hace referencia a esos momentos de agonía de Cristo, y además de la interpretación a través de los años de los fieles, haciendo un audiovisual sobre la Semana Santa en Medina del Campo y Medina de Rioseco, dos poblaciones con gran tradición por su Semana Santa, y declaradas de interés turístico por su importancia en España.

 

 

 

 

 

Procesión de Semana Santa en Medina de Rioseco. José María García Fernández “Castilviejo”. 1975. Óleo sobre lienzo. Ayuntamiento. Medina de Rioseco (Valladolid).

Por este motivo, en esta parte expositiva, se incluye una obra con relación directa a ésta temática, Procesión de Semana Santa de Medina de Rioseco, del pintor José María García Fernández “Castilviejo”, perteneciente al Ayuntamiento de Medina de Rioseco, Valladolid; realizada en 1975.  Representa la esencia de la Semana Santa castellana, a partir de una procesión. Vinculando la interpretación noventayochista del paisaje, las costumbres y tipos castellanos como con el patetismo, el lenguaje y los planteamientos compositivos de Solana. Se sintetiza la localidad a partir de sus gentes, su arquitectura y la torre la iglesia de Santa María. Los fieles se entremezclan con las figuras procesionadas del Crucificado y la Piedad, buscando ese patetismo, y ese realismo a los fieles castellanos.

Vía Crucis. José Vela Zanetti. 1979. Pirograbado sobre madera. Colegio Marista San José. León.

Veremos en la pared izquierda el Vía Crucis de José Vela Zanetti, de 1979, procedente del Colegio Marista San José de León.  Representando a partir de catorce pirograbados sobre madera, en mediano formato, cada uno de los pasos que Cristo vivió. Destacando su rotundo, poderoso y firme dibujo; el dramatismo y tono trágico, así como la expresión de sufrimiento y el alto contenido espiritual.

La Resurreccion. Fernando Gallego (atribución). Anterior a 1490. óleo sobre tabla. Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, El Campo de Peñaranda (Sa)

Para concluir con la exposición, La Resurrección, atribuido a Fernando Gallego, siendo anterior a 1490. Perteneciente a la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, El Campo de Peñaranda, Salamanca.  Obra dada a conocer hace poco tiempo, y atribuida al pintor mencionando anteriormente. Tema poco tratado por los artistas españoles, respecto a la iconografía de Cristo resucitado sobre el sepulcro cerrado. Se representa la figura de Cristo triunfante, vestido con túnica roja y bendiciendo, rodeado por los soldados custodios, que aparecen dormidos, incluso uno despierto y sorprendido por el suceso. Tratamiento de profundidad en la escena a partir de la disposición de la escena principal en primer plano, y la situación de la ciudad detrás, así mismo, entre ambos planos, las Tres Marías camino al sepulcro.

Respecto al proceso expositivo, destacar la genial adaptación de la arquitectura creando espacios expositivos de fácil acceso para el visitante en un templo de no muy amplias dimensiones. Generando una visión general de la Pasión a partir de episodios, a mi entender algo difícil de entender para el visitante de a pié, y cuya media estipulada superan los cincuenta años. Es decir, las obras por sí mismas son comprensibles, pero el discurso podría haberse estipulado mas accesible, facilitando los términos y el orden expositivo.

Destacable la visibilidad del retablo, que a diferencia de otras exposiciones de las Edades del Hombre se usa dentro de la exposición, para ensalzar las piezas dispuestas en las vitrinas.

Exposición que se visita en una hora y poco más, destacable por el valor artístico de la mayor parte de las piezas, así como por otras que si no fuera por dicha exposición no habríamos visto.

Galería fotográfica facilitada por la Fundación Las Edades del Hombre – lasedades.es

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Las Edades del Hombre: PASSIO

2 05 2011

De nuevo una exposición de arte sacro en Valladolid, de la mano de la Fundación las Edades del Hombre, en ésta ocasión, y a diferencia de la primera edición del formato “Edades del Hombre”,  se opta por dispersar y dividir los núcleos, realizándose durante 2011 la exposición PASSIO, en Medina del Campo y Medina de Rioseco, poblaciones vallisoletanas de gran riqueza artística y con una arquitectura sobresaliente. Lo cual añadirá un extra a la visita a ambas poblaciones.

Para ésta XVI edición de la muestra de arte religioso de la comunidad de Castilla y León, se ha titulado como PASSIO, término latino cuyo significado sería pasión. La exposición, en ésta ocasión, está relacionada con la representación de la Pasión de Cristo en el Arte de Castilla y León.  Durante varios meses podremos aprovechar éste compendio de arte procedente de las parroquias de Castilla y León, concretamente desde el 3 de mayo, concluyendo hacia noviembre; aunque por todos es sabido el éxito que años atrás tuvo esta exposición o similares, y las fechas se ampliaron, para que más visitantes pudieran ver de primera mano el arte generado por y para Castilla y León durante varios siglos.

Durante éste nuevo encuentro con el arte sacro castellano leonés, se establecerán dos sedes, en dos localidades de Valladolid, separadas por unos 90 kilómetros. La primera sería la Iglesia de Santiago de los Caballeros, en Medina de Rioseco; y la Iglesia de Santiago el Real en Medina del Campo; o viceversa, la temática será la misma para ambas ciudades, presentándose una exposición independiente la una de la otra; pero siempre con la Pasión como telón de fondo.

Varias son las críticas recibidas por la idea de disipar las sedes y establecerse en dos, separadas por una distancia de una hora en automóvil; a lo cual es posible advertir la imposibilidad de realizar una exposición similar en todos los grandes enclaves eclesiásticos de la comunidad de Castilla y León; buscándose por ello una globalización del turismo en la provincia de Valladolid. Apuntar para el visitante una información, antes de realizar la visita a la exposición en ambas sedes, y es que lo propio sería contemplar las poblaciones intermedias existentes entre ambas sedes y disfrutar de otros encantos, como puede ser el turismo enológico, en la localidad de Rueda, el patrimonio y la historia de Tordesillas, los castillos de Mota del Marqués y Torrelobatón, el arte mozárabe de la Iglesia de San Cebrián de Mazote, en la localidad con el mismo nombre; el Monasterio de la Santa Espina, en dicha localidad; el Retablo de la Colegiata de San Luis, en Villagarcía de Campos… y así, varias poblaciones más, en la que lo rural se mezcla con la tradición, y el patrimonio, con el buen hacer de sus gentes. Una zona en la que disfrutar de la Tierra de Campos vallisoletana, merece la pena aprovechando éste momento.

El recorrido simplificado que he mencionado, se dispone de Medina del Campo a Medina de Rioseco. Es posible que durante su viaje, les hablen de Medina, y no sepan diferenciar de las dos, para ello indicarles que Medina es Medina del Campo y Rioseco, obviamente será Medina de Rioseco.

Junto con la visita a las exposiciones en ambas sedes, así como la parada obligatoria en los enclaves que les comenté anteriormente, tanto Medina del Campo como Rioseco, tienen un gran patrimonio, por el cual perderse en sus calles; así como una restauración exquisita, tanto de platos tradicionales como de mayor elaboración y de cocina evolucionada.

Les mostraré los encantos de ambas ciudades, para que el viaje sea más cómodo, y puedan disfrutar de unos días en la provincia de Valladolid. Disponiéndonos en Medina del Campo, deberemos visitar el Castillo de la Mota, en cuyos alrededores se encuentran los yacimientos arqueológicos de los primeros pobladores de la ciudad. Además destacará el Palacio Real Testamentario de Isabel la Católica, la Fundación Museo de las Ferias, cuya disposición se establece en la antigua iglesia de San Martín, reflejando la importancia que tuvieron las actividades comerciales para la economía, cultura y sociedad medinense, partiendo de las importantes ferias celebradas en la ciudad en los siglos  XV y XVI. Otro de los monumentos, que no hay que dejar de visitar, será la Colegiata de San Antolín, destacable por su arquitectura y un magnífico retablo.

Existen más enclaves en Medina del Campo, pero éstos serían los más destacables, pueden obtener más información en la web de la localidad.- http://turismomedina.altair.nds.es/

La otra localidad, sede de las Edades del Hombre 2011, será Medina de Rioseco, también llamada la Ciudad de los Almirantes de Castilla, la de las cuatro mil catedrales, la de los millonarios o la vieja India chica; destaca por su gran relevancia en el arte visible en la arquitectura de sus iglesias, y el interior de las mismas, así como por su comercio.  La localidad, declarada Conjunto Histórico Artístico, dispone de uno de los mayores legados patrimoniales de la provincia. Destacando su casco histórico, con la Rúa Mayor, y su repostería, enseña de la localidad. Como lugares destacables en Rioseco, podemos visitar la iglesia de Santa María, cuya belleza destaca por el retablo mayor de estilo romanista, trazado por Gaspar Becerra y realizado por Juan de Juni y Esteban Jordán. Así como la Capilla de los Benavente, realizado por los hermanos Corral de Villalpando, con una decoración muy fina en yeserías. Así mismo, destacan las Iglesias de Santiago y la Santa Cruz, el Convento de San Francisco, la Fábrica de harinas de San Antonio, y el Museo de Semana Santa.

Más información sobre Medina de Rioseco, en su web de turismo http://www.medinaderioseco.com/turismo/index.shtml

Tras la inauguración de la Exposición en ambas localidades, realizaremos una breve descripción de las mismas, tras visitarlas, para que puedan deleitarse con el arte producido por y para la provincia de Valladolid.

HORARIOS DE VISITAS:
Lunes: permanecerá cerrada, excepto 25 de julio, 15 de agosto y 31 de octubre.
Martes, miércoles, jueves y viernes: de 10 a 14 horas y de 16 a 20 horas.
Sábados, domingos y festivos: de 10 a 20 horas, ininterrumpidamente.
La admisión de público terminará 45 minutos antes del cierre.
PRECIOS
Entrada: 3 € (visita a ambas sedes)
Viernes: entrada gratuita (no incluye visita guiada)
Visita guiada (grupo máximo de 20 personas): 50 € (visita a ambas sedes) / 35 € (visita a una de las sedes)
Duración de la visita guiada: 50 minutos aprox. (en cada sede)
No se admiten guías de grupos a no ser los oficiales de la exposición.
INFORMACIÓN Y RESERVA PARA GRUPOS Y VISITAS
Teléfono: 983 683 000
E-mail (exposición): expo@lasedades.es
Más información: http://www.lasedades.es/